Dejad que vuestra fe hable y el cielo os contestará

Dejad que vuestra fe hable, y el cielo os contestará.

Quiero que sepáis lo que es la fe, para que comprendas que quien la posee, es dueño de un tesoro incomparable.

El que vive iluminado por esa luz interior, por pobre que le considere el mundo, nunca se sentirá paria, abandonado, débil, ni perdido; su fe en Dios, en la vida, en su destino, y aún en el mismo, jamás lo dejarán caer en la lucha.

Cuántos se engañan a sí mismos con una falsa fe, porque jamás han sabido mirar ni sentir con el espíritu y se han conformado con creer que tienen fe, y éstos son los que en la primera prueba dudan, se desconciertan o se confunden y muchas veces concluyen negando.

Ahora estáis ante un tiempo en el que no sólo creeréis por fe, por esa vista superior del espíritu, sino que también tendréis una comprensión que será superior a la de vuestro humano entendimiento, porque será el espíritu el que se ilumine con la sabiduría espiritual.

No quiero que viváis engañados con un escaso conocimiento de lo que es la verdadera fe, por eso Yo repruebo a quienes predican una fe ciega, una fe sin conocimiento, adquirida por temores y supersticiones.

La verdadera fe es la mirada espiritual que ve más allá del corazón y de la mente.

Yo he sorprendido muchas veces a los hombres abatidos y tristes, creyéndose impotentes para librarse del yugo que para ellos significa en este tiempo la vida. Y por eso he venido a sorprenderos con mi palabra que viene a infundiros fe, valor, alegría y esperanza.

Para los seres humanos, sobre todo cuando viven horas dolorosas, hay instantes que les parecen siglos, porque no saben revestirse de esperanza, de fe y de paciencia

¿Por qué hay ocasiones en que me llamáis con desesperación creyendo que no os escucho? Si alguno se sintiera fatigado o que su fe es débil, llámeme, ore, y Yo estaré a su lado al instante.

En verdad os digo, que lo imposible no existe. En casos tan pequeños como vuestros quebrantos de salud, hablad a Dios que habita en cada uno de vosotros, que sabe lo que necesitáis y lo que sentís, y os dará según sea su voluntad.

Dije a los hombres que en Mí creyeron en aquel Tiempo: "Tu fe te ha salvado". Así lo declaré porque la fe es una potencia curativa, es una fuerza que transforma y su luz destruye las tinieblas.

Tened fe del tamaño del grano de la mostaza y veréis realizarse grandes prodigios.

Dos requisitos necesitáis para haceros dignos de esta caridad: el primero es vuestra manera de vivir recta, útil, inspirada siempre en el bien y en la caridad, y una fe que os dé fuerza para que, llegado el instante, os aleje de un peligro, os eleve por sobre toda miseria, os haga insensibles al dolor y os ayude a vencer aún a la muerte.

Hoy busco a los que no han comprendido el sentido de la vida, a los que se debilitan en cada empresa, y en cada propósito, y les digo: La fe os dará una fuerza invencible y una luz que no se extinguirá jamás.

Vosotros sólo poseéis el presente, mas Yo sé por dónde cruzaréis el mañana, por lo tanto confiad en mí.

Bendito sea el que tiene fe, mas también bendigo al que viene a Mí, pidiéndome ese precioso don. La fe os salvará, os he dicho siempre. En los trances difíciles, en las grandes pruebas, todo el que ore y confíe será salvo.

¿Porqué caéis a veces en el abismo de la desesperación y de la desconfianza, sabiendo que os amo y que tenéis toda mi protección?

En mi camino nadie sucumbe y aunque hay ocasiones en que el hombre cae doblegado por el peso de la cruz, una fuerza superior le levanta y le da ánimos, esa fuerza proviene de la fe.

A los que se nombran desheredados, a los que dicen que su estrella no brilla y que son lámparas apagadas y a los que lamentan haber venido a la vida para llorar, os digo:

¿Acaso no vive dentro de vosotros la esperanza que os anima para aguardar un mañana mejor?

Sabed que Yo no me concreto a sentir vuestras aflicciones, sino que vengo a remediarlas, por lo tanto, no os dejéis invadir por la melancolía y la desesperación.

Existen quienes olvidando a su espíritu, solamente piden para su materia pan, bálsamo o trabajo y en todos obro un prodigio, porque ésos también serán testimonios que mañana enciendan la fe y esperanza en el corazón de vuestros hermanos. Más no me pidáis tan poco, eso que os parece mucho, pronto termina; mejor pedidme beneficios eternos, bienes espirituales. Yo, por añadidura, os daré lo del mundo.

Más tengo que daros que vosotros que pedirme, por lo tanto no os conforméis con tan poco. Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

Recordad que os he dicho: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que viene de Dios".

Deducid de mis palabras que lo que quiero de vosotros es confianza, fe, optimismo, calma y fortaleza, que a pesar de vuestras penalidades no haya amargura en vuestro corazón.

No privéis a vuestro corazón de todas aquellas alegrías sanas que aunque fugaces, las podéis disfrutar. Comed en paz vuestro humilde pan y de cierto os digo que lo encontraréis más dulce y sustancioso.

A pesar de cuanto os hablo, existen quienes hoy creen y mañana no, porque tienen sus horas para creer y sus horas para dudar.

Mientras existan la duda y la debilidad que lucha por venceros, no podrá haber verdadera fe en vosotros. La fe se siente, es el impulso que os hace poner en práctica una idea sin temor a fracasar. Es la mirada espiritual que alcanza a contemplar la verdad.

¡Sed vosotros como el Padre! ¡Amadme con el mismo amor! ¡No cambiéis del amor a la frialdad! ¡No seáis ardientes hoy y mañana fríos! Quiero contemplaros siempre amantes, creyentes, elevados y espirituales, siempre por el camino ascendente, acercándoos a Mí; porque ésta es la finalidad de vuestro espíritu.

Vosotros no podéis creer en un mundo de justicia, ni alcanzáis a concebir una vida de amor y virtud. En una palabra: No os creéis capaces de nada bueno.

Aprended de Mí que jamás he dudado de vosotros. Yo veo que dudáis del poder del amor, que dudáis de la fuerza de la fe; que dudáis hasta de vosotros mismos. ¿Qué podéis hacer con tanta duda?

Yo sí creo en vosotros, conozco la simiente que hay en cada hijo mío, porque Yo lo formé, porque le dí vida con mi amor.

Cuando carecéis de fe, o ésta es muy débil, sin daros cuenta a cada paso me vais negando, y en muchas de vuestras obras vais dando testimonio en contra mía; os digo esto para que observéis bien vuestros actos y midáis sus efectos, no sólo materiales sino también espirituales.

Considerad que si en vez de dudas y desconfianzas, llegáis a depositar toda vuestra fe en vuestro Padre, Él os iluminará a cada instante y os fortalecerá en cada una de vuestras pruebas.

No queráis que repita mis palabras del Segundo Tiempo y que os diga que sois hombres de poca fe.

¿Qué os falta entonces, para poder obrar prodigios? Que crezca vuestra fe aumente, que se desborde, y entonces no serán miserias las que vengáis a presentarme, ni lágrimas las que me ofrezcáis, sino acción de gracias, satisfacción, conformidad, confianza, alegría, fortaleza y esperanza.