El materialismo de este tiempo, veneno del espíritu.

¡Cuánto se ha rebajado la humanidad en su materialismo, cuánto ha tenido que llorar por su indiferencia hacia lo elevado, hacia lo puro y verdadero!

¡Hasta dónde se ha hundido el hombre en su materialismo, llegando a negar a quien todo lo ha creado! ¿Cómo ha podido la mente humana ofuscarse a tal grado? ¿Cómo ha podido vuestra ciencia negarme y profanar la vida y la naturaleza, como lo ha hecho?

Desde los primeros tiempos, he visto a los hombres quitarse la vida por causa de la envidia, por el materialismo, por la ambición del poder; siempre han descuidado su espíritu, creyéndose materia solamente.

Hoy, muchos hombres juzgan fuera de época, mi Doctrina, porque su materialidad no les permite descubrir el sentido eterno de mis lecciones.

¿Por Ventura es una prueba de adelanto y de civilización el negar mi existencia, mi amor y mí justicia? No estáis entonces más adelantados que los hombres primitivos, que supieron descubrir en cada elemento y en cada maravilla de la naturaleza la obra de un ser divino, superior, sabio, justo y poderoso, al que atribuyeron todo bien y por eso lo adoraron.

Os enseñé a dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, mas para los hombres de ahora, sólo existe el César y a su Señor nada tiene que ofrecerle. Si al menos le dieseis al mundo lo justo, vuestras penas serían menores; pero el César que habéis puesto delante de vuestras acciones, os ha dictado leyes absurdas, os ha convertido en esclavos y os quita la vida sin daros nada en compensación.

Muchos siglos y muchas eras han pasado sin que los hombres se den cuenta de que no es un sacrificio humano el cumplimiento de mi Ley y que, en cambio, sí sacrifican carne y espíritu en el mundo al rehuir a mis mandamientos.

Ya disteis mucho tiempo vuestro tributo al César, ahora dadme lo que es mío; ya gozasteis mucho con las satisfacciones del mundo y ya es tiempo de que preparéis vuestro viaje a la eternidad, porque nadie sabe si ha de volver o no a este mundo.

Yo sé por qué os hablo en esta forma, porque mi mirada descubre a aquellos hombres que necesitan que así les hable.

Son los materialistas, los que no ven más allá de donde alcanzan sus ojos a mirar, sin creer que más allá de su mente y de sus sentidos es donde comienza la eternidad, la verdad y la sabiduría.

Ved a la humanidad perdiéndose en los vicios, en la perversidad y en el crimen; ved a los hombres consagrados a una vida de materialismo y egoísmo; las mujeres se han familiarizado con el pecado que reina en todas partes, pierden su virtud y su delicadeza, el hogar que es el templo del hombre, es profanado porque de él desaparece la luz, el calor y la paz.

Este desastre proviene de la materialización en que ha caído la humanidad. Si habéis relegado al espíritu a último término y antepuesto a él las pasiones de la materia y las ideas de la muerte, natural es que hubieseis llegado a obtener el resultado que hoy estáis mirando.

Cuando el hombre se entrega a lo material, encerrándose en el pequeño espacio de un mundo como el vuestro, empobrece, limita y oprime su espíritu, nada existe ya para él, fuera de lo que posee o de lo que conoce; entonces se hace necesario que lo pierda todo para que abra sus ojos a la verdad, y una vez desengañado de su error, vuelva su mirada hacia la vida espiritual.

Hasta ahora, sólo lo que habéis encontrado con la mente y palpado con los sentidos, es lo que para vosotros existe; pero vendrá el momento en que comprendáis que los verdaderos valores existen en vuestro ser espiritual, que no habéis querido reconocer.

Si Yo os he hablado que debéis de apartaros de la lujuria y de materialismo, siempre me he referido a bajas pasiones, a vicios, a frivolidades o al uso de lo superfluo y de lo malo.

El amor al mundo, la codicia por el terreno, el deseo de la carne, el deleite de todos los bajos deseos, el egoísmo, el amor por si mismo y el orgullo, han sido la fuerza con que habéis creado una vida según vuestra inteligencia y vuestra voluntad humana, cuyos frutos os he dejado recoger para que vuestra experiencia llegue a ser absoluta.

Buscad vuestro progreso dentro de la vida humana, mas nunca os dejéis dominar por desmedidas ambiciones, porque entonces perderéis vuestra libertad y os esclavizará el materialismo.

Yo quiero que tengáis anhelos, que ambicionéis, que soñéis con ser grandes, fuertes y sabios, pero de los bienes eternos del espíritu, porque para alcanzar aquellos bienes se requiere de todas las virtudes como son: la caridad, la humildad, el perdón, la paciencia, la nobleza; en una palabra: el amor.

En este tiempo tendrán que oírme los orgullosos y los necios, los materializados y los incrédulos, y en su corazón que ha sido como tierra estéril para mi simiente, volveré a sembrar hasta que de las rocas broten flores.

Sé que los materializados se escandalizarán al conocer esta Doctrina; pero su conciencia les dirá que mi palabra sólo habla de la verdad.

Os hablo así, porque nadie mejor que Yo conoce la evolución de vuestro espíritu y sé que esta humanidad, a pesar de su gran materialismo, de su amor por el mundo y de sus bajas pasiones desarrolladas hasta el máximo, sólo en apariencia vive aferrada a la carne y a la vida material. Yo sé que en cuando sienta en su espíritu el toque amoroso de mi amor, vendrá presto a Mí para despojarse de su carga y seguirme por el camino de verdad que, sin darse cuenta, mucho desea recorrer.

El mundo y la materia han vencido temporalmente al espíritu, comenzaron por reducirlo a la esclavitud y acabaron por nulificar su misión en la vida humana, ¿Cómo no vais a daros cuenta por vosotros mismos, de que esa hambre, esa miseria, ese dolor y esa angustia que deprimen vuestra vida, no son sino el reflejo fiel de la miseria y el dolor de vuestro espíritu?

Las pruebas por las que atraviesa vuestro mundo, son las señales del final de una Era, son el ocaso o la agonía de un tiempo de materialismo, porque materialismo ha habido en vuestra ciencia, en vuestras ambiciones y en vuestros afectos. Materialismo ha habido en vuestro culto hacia Mí y en todas vuestras obras.

Pero si esta Era que termina se habrá de significar en la historia de la humanidad por su materialismo, en verdad os digo, que el nuevo tiempo habrá de distinguirse por su espiritualidad.