Significado del verdadero perdón

En verdad os digo, que esta humanidad no conoce aún la fuerza del perdón y los milagros que él obra. Cuando tenga fe en mi palabra, se convencerá de esta verdad.

¿No quisierais al menos una vez en vuestra existencia, llevar a la práctica este sublime mandamiento, a fin de que os deis cuenta de los milagros que él opera, tanto en el que entrega el perdón, como el que lo recibe?

Por tanto, si al tiempo de presentar tu ofrenda en el altar, allí te acuerdas que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja allí mismo tu ofrenda delante del altar, y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y después volverás a presentar tu ofrenda.

Cuando al ser ofendido devolvéis el golpe y ambos se arrepienten, no retengáis por orgullo vuestra mano, sed el primero en tenderla como prueba de humildad, y no temáis humillaros, porque Yo os digo que el que se humillare en el mundo, será ensalzado en el más allá.

Destruid vuestro orgullo, la humildad es el triunfo, la vanidad es la derrota, aunque en el mundo lo apreciéis de diferente manera.

Daos la mano unos a otros en prueba de amistad, mas hacedlo con sinceridad. ¿Cómo queréis ser hermanos si aún no sabéis ser amigos?

Aprended a perdonar los defectos de vuestros hermanos y si no podéis corregirlos por lo menos tended sobre ellos un velo de indulgencia.

De cierto os digo que si los hombres se perdonaran, ¡cuánta paz habría entre la humanidad!

No miréis enemigos sino hermanos en todos los que os rodean. No pidáis castigo para nadie, para que deis ejemplo de perdón y no haya remordimiento en vuestro espíritu. Cerrad vuestros labios y dejad que Yo juzgue vuestra causa.

¡Cuántos seres han pasado por este mundo llamándose cristianos y no fueron capaces de otorgar durante toda su vida un sólo perdón!

Os habla Aquel que en la cruz, agonizante, maltrecho y torturado por la turba, elevó sus ojos al infinito, diciendo: "Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen".

Habéis perdido el derecho de repetir aquella frase, por eso ahora vengo con nuevas lecciones, para que no sean palabras ni oraciones las que se graben en vuestro entendimiento, sino la esencia de mi enseñanza la que penetre en vuestro corazón y espíritu.

Cuando sepáis recibir el golpe en la mejilla derecha y en señal de perdón, de amor y de humildad, presentéis la izquierda a vuestro ofensor, ya podéis confiar en que comenzáis a ser mis discípulos. Hasta que surja el perdón entre los hombres, cesarán sus guerras fratricidas y surgirá la unión de todas las naciones.

Mi palabra la tomáis siempre en su sentido material, sin deteneros a comprenderla en su significado espiritual. Yo os digo que, así como podéis ser tocados en la mejilla, lo podréis ser en el corazón. En vuestra parte moral o también podréis ser tocados en vuestro espíritu.

Debéis de examinaros cuidadosamente, así comenzaréis a sentiros un poco más hermanos, compasivos y comprensivos con vuestros semejantes. Hoy todavía os repugnan muchos actos de los demás porque os olvidáis de vuestras propias faltas, más cuando conozcáis vuestras manchas y errores, comprenderéis el amor con que os perdono, entonces no tendréis más que decir: "Si mi Padre me ha perdonado, después de ofenderlo tanto, obligado estoy a perdonar a mis hermanos".

En verdad os digo que en el mismo instante en que otorguéis vuestro perdón a quien os haya ofendido, sentiréis mi paz en plenitud, porque en ese momento vuestro espíritu se habrá unido con el Mío y Yo extenderé mi manto para perdonaros y cubriros a unos y a otros con mi amor.

Amad y perdonad mucho. Pensad en Mí, y vuestra pena se disipará. No sintáis dolor si os ofenden, bendecid y dejadme vuestra causa.

Si a alguno de vosotros le han dicho que su espíritu está perdido debido a sus faltas, y él quisiera aún reparar sus errores y salvarse, que venga a Mí, que Yo le daré mi perdón y le levantaré a una nueva vida. Ése será como Lázaro, que se levantó al escuchar la voz de Jesús cuando le dijo: "Levántate y anda".

Sé que la dulzura de mis frases hace llorar al hombre, porque supone que sus errores no merecen ser perdonados, pero si los grandes pecadores me buscan con humildad y arrepentimiento, Yo perdonaré sus faltas y les daré ocasión de rehacer su vida.

Vosotros solicitáis mi perdón constantemente, porque a cada paso me ofendéis, y Yo os perdono. En cambio: ¿Vosotros habéis perdonado a quien os ha ofendido?

Cuando la multitud escandalizada por la falta de la mujer adúltera, sólo esperaba mi juicio para darle muerte, creyendo que ésa era la única forma de exterminar el pecado de aquella mujer, Yo les mostré que el perdón y la palabra de amor, son vida para el corazón y muerte para el pecado. El mérito está en lograr que muera el pecado y la criatura siga viviendo, por lo tanto no era menester que aquella mujer desapareciera, sino su pecado.

Yo consuelo al que se arrepiente sinceramente, perdono sus faltas y le ayudo a restituir el mal causado. Sabed que el que no se arrepiente no llega a Mí, porque sólo del arrepentimiento puede surgir la regeneración, la enmienda y la purificación.

El perdón que proviene del amor verdadero, sólo mi Doctrina lo enseña y él posee una fuerza poderosa para convertir, regenerar y transformar al malo en bueno y al pecador en virtuoso.

Pero no porque de antemano os sintáis perdonados, vayáis a hacer mal uso de este perdón.

Aprended a perdonar a quien os haya herido. Yo dije a Pedro que si setenta veces siete era ofendido por su hermano, el mismo número de veces debería perdonarlo; dándole a entender con ello, que debería hacerlo siempre, lo mismo con los pequeños que con los grandes agravios.

Si Cristo volviese en este tiempo a la Tierra, hecho hombre, ya no diría como en el Calvario: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen", porque ahora recibís en pleno la luz de la conciencia y el espíritu ha evolucionado mucho. ¿Quién ignora que Yo soy el dador de la vida, que por lo tanto, nadie puede tomar la de su hermano? Si el hombre no puede dar la existencia, tampoco está autorizado para tomar lo que no puede devolver.

He aquí, que cuando os doy mi palabra de perdón, se hace la luz en las tinieblas.