El advenimiento del Espíritu de Verdad

Humanidad: Os prometí volver entre vosotros y no podía dejar de asistir a esta cita con vuestro espíritu.

Recordad que en cierta ocasión dije a las multitudes que me oían:

“Aun tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar.
Pero cuando venga el Espíritu de Verdad, Él os guiará á toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que han de venir.” (Juan 16:12-13)

He aquí al Espíritu de Verdad, explicando lo que en el Segundo Tiempo os dijo y que no supísteis interpretar.

¡ Porque escrito está ¡

(...Nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse
(Mateo 10:26)

Si la humanidad hubiese sabido analizar las profecías de Primero y Segundo Testamentos, no se confundiría hoy ante la realización de ellas; esto fue lo que pasó en el Segundo Tiempo cuando el Mesías nació entre los hombres, lo mismo que acontece ahora que he venido en Espíritu.

No todos me esperabais y menos en la forma en que me he manifestado. Ahora mi palabra os anuncia un nuevo tiempo de revelaciones que vendrán a libertarlos de toda esclavitud.

¡La verdad os hará libres, no más cadenas, ni más cautiverio, humanidad!

En verdad os digo que aquella divina promesa de volver entre vosotros como Espíritu de Consolación, nadie la borró, ni el tiempo, ni el pecado, ni las edades que sobre los hombres han pasado.

Así como en el Segundo Tiempo mi presencia no fue en la misma forma que en el Primero, también en esta era mi manifestación es diferente, siendo la misma doctrina.

Este es un nuevo tiempo, y esa es la causa por la cual estáis recibiendo nuevas lecciones, porque los hechos de los primeros tiempos, según los espera la humanidad, no se repetirán, eso sería como si el tiempo se hubiera estacionado y a la humanidad le estuviera repitiendo la misma lección.

Así vengo a vosotros en este tiempo en el cual mi luz, se manifestará en diversas formas sobre los hombres y volverá a estremecerles, a unos de gozo, a otros de temor, a otros de ira, pero no habrá uno que, llegada la hora de ser conocido mi mensaje, no se conmueva.

Cuando estas palabras lleguen a los oídos de los materialistas, éstos se sonreirán con incredulidad ante mi doctrina y ante mis profecías, pero nunca el escepticismo del hombre me ha herido.

Llegará mi palabra a los palacios y a las casas humildes, llamando a las puertas de los corazones, haciendo estremecer a los espíritus, sanando y consolando a los enfermos del espíritu o del cuerpo e iluminando las mentes que se encuentren en tinieblas.

Aquél que os enseñó la humildad y en su amor os llamó hermanos, es el mismo que hoy viene a hablaros en este tiempo.

Aquí tenéis ante vosotros desarrollándose aquel tiempo, aquí están cumpliéndose aquellas profecías. ¿Quién puede sorprenderse? Sólo los que han dormido en tinieblas o los que borraron de ellos mismos mis promesas.

¿Quién sino Yo podía ser el Espíritu de Consolación?

En verdad os digo, que si en este tiempo yo hubiese venido en cuanto hombre, vuestros ojos habrían tenido que ver mis heridas frescas y sangrantes aún, porque el pecado de los hombres no ha cesado.

Si por decir la verdad al mundo, los hombres vuelven a juzgarme, podrán hacerlo, Yo dejaré que lo hagan, Mas si quieren tocarme y aprehenderme, no podrán, porque estoy en Espíritu y ante ellos soy intangible e invisible.

Mañana, cuando Ya en calma, los hombres estudien la forma de mi manifestación y la comparen con las profecías contenidas en las escrituras y analicen el medio en el que me presenté y en el que se desarrolló mi manifestación, la nación que escogí y el pueblo a quien llamé, llegarán a la comprensión absoluta de que todo fue hecho a la perfección y que se fueron cumpliendo fielmente todas las profecías

En aquel Segundo Tiempo encontré al ciego y le di la vista, al tullido le hice andar, al muerto le resucité; ahora encuentro mayor desolación en el mundo, porque contemplo por millares a los ciegos, a los sordos, a los leprosos y a los muertos del espíritu.

Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche. (Libro de Tesalonicenses)

De puntillas, como ladrón, he penetrado entre vosotros sorprendiendo vuestro sueño.

En verdad os digo que ya mi luz, como el relámpago, ha cruzado de oriente hacia occidente, sin que el mundo se percatara de ello.

Grande será la transformación que sufra la humanidad en breve plazo: instituciones, principios, creencias, doctrinas, costumbres, leyes y todos los órdenes de la vida humana serán conmovidos desde sus cimientos.

La verdad es que vengo con justicia entre vosotros, mas también lleno de amor, porque nunca os dejaré de considerar como mis hijos.

Yo os amo y vengo a buscar a los que me han olvidado, para renovarles mi promesa, diciéndoles que aún les espera el "reino de los cielos". No traigo para vosotros nueva doctrina, ni nueva Ley, pero sí muchas nuevas revelaciones.