Los errores de la humanidad, causantes del caos

Este es el tiempo de haceros comprender que el uso que habéis hecho de vuestro libre albedrío es equivocado.

¿Cuándo entenderéis que el dolor existe a causa de vuestros pecados, y que es el propio hombre quien se sentencia y castiga a sí mismo?

Estáis tan familiarizados con el pecado, que vuestra vida llega a pareceros lo más natural, normal y el egoísmo, el odio y el fanatismo, idolatría, el materialismo y las bajs pasiones, forman parte de vuestra vida.

La nueva Sodoma está en toda la Tierra y es menester una nueva purificación. El pecado se ha multiplicado, ofuscando la mente y el corazón

No solamente los adultos corren atraídos por los placeres del mundo y de la carne; también los adolescentes y hasta los niños, a todos les ha llegado el veneno acumulado a través de los tiempos. Y los que han logrado escapar de la funesta influencia de la maldad ¿Qué hacen por los que se han perdido? Juzgarles, censurarles y escandalizarse de sus actos. Pocos son los que oran por los que se extravían del sendero y menos los que consagran parte de su vida para combatir el mal.

Los padres desconocen a sus hijos y los hijos a sus padres; los esposos se separan, las mujeres pierden su virtud sin darle valor alguno; los hombres profanan lo más sagrado; las religiones se desconocen y se desgarran entre sí y los vicios toman fuerza entre los hombres, existe división en el seno de las familias. De cinco que hay en un hogar tres estan contra dos y dos contra tres.

El dolor será el cáliz que devuelva a los hombres la sensibilidad, la nobleza, la limpidez y la espiritualidad; mas en verdad os digo que no será vuestro Padre quien os ofrezca ese cáliz, sois vosotros los que lo habéis llenado y quienes lo habréis de beber para que lleguéis a conocer el sabor del fruto de todas vuestras obras, y después de ese juicio podáis levantaros a la vida verdadera, cuya senda estará iluminada por la luz de la conciencia.

Hoy me encuentro con una humanidad desfalleciente en lo espiritual, a causa del abuso que ha hecho del don del libre albedrío. Yo tracé un camino de justicia, de amor, de caridad, de bien; el hombre ha creado otro de aparente luz, el cual le ha conducido al abismo.

Estáis siempre preocupados por los bienes de la Tierra; os conformáis con lo primero que lega a vosotros o sea un poco de tranquilidad en el corazón, un techo seguro, un poco de salud corporal, el calor de los vuestros y un puñado de monedas. No os digo que despreciéis los bienes de la Tierra, pero tampoco que los prefiráis a los dones del Espíritu Santo.

Hoy concebís que mi justicia os castiga desatando los elementos para sembrar la desolación, el luto y el hambre; sin embargo algún día comprende¬réis que han sido vuestras obras las que desataron sobre vosotros aquellas calamidades, aquella justicia. Ciertamente os digo que los elementos de la Naturaleza siguen dando voces a la humanidad, siguen tocando a los hombres, poniéndoles a prueba, despertándolos y purificándolos; pero es por vuestro materialismo, porque sólo sois sensibles a lo que percibís con los sentidos de la carne.

Meditad en todo esto para que no juzgueis, y no tenga que repetir mis palabras de aquel tiempo: “El que se encuentre libre de pecado, que arroje la primera piedra”

Recordad que quien no es causante de la guerra, es responsable de la paz.

Todo ser al pensar, emana vibraciones; todo sentimiento ejerce una influencia. Podéis estar seguros de que el mundo está poblado de vibraciones, muchas las cuales no son sanas.

¡Quien diariamente se examina, tendrá que mejorar su manera de pensar, de hablar, de sentir y de vivir!

Ahora podréis comprender fácilmente que donde se piensa y se vive en el bien, tienen que existir fuerzas e influencias saludables y que donde se vive fuera de las leyes y normas que señala el bien, la justicia y el amor, tienen que existir fuerzas negativas.

Cuánta discordia, maldad, materialismo, confusión y dolor ha acumulado el hombre sobre sí, a través de los siglos . La falta de oración, de moral y de espiritualidad, han generado malas vibraciones, las cuales se han desbordado en este tiempo.

¡Pobres pueblos! que llevan sobre sus hombros el trabajo como un fardo insoportable. Ese trabajo que ya no es aquella bendita ley por medio de la cual el hombre obtenía cuanto le era necesario para subsistir, sino que se ha convertido en una lucha desesperada y angustiosa para poder vivir. Y, ¿Qué obtienen los hombres a cambio de dejar su fuerza y su vida? Un remedo de pan, un cáliz de amargura.
¡Mi paz sea con vosotros!