La Naturaleza protesta

Os digo que la Tierra se estremecerá, que los elementos se desencadenarían, que la peste, las plagas y la muerte arrasarían las comarcas, que el rumor de las guerras llenarán de zozobra el corazón de la humanidad.

Estos acontecimientos esperan a la humanidad y muchos de vosotros los contemplaréis. No quiero atemorizaros con este alerta sino prevenir a quienes moréis en la Tierra en ese tiempo de pruebas. Tengo que hablaros así porque vuestro mundo vive envuelto en guerras de toda índole. Cuando las pruebas llegan al mundo siempre le sorprenden impreparado, porque mientras piensa y medita poco en lo eterno, gusta demasiado de los halagos del mundo y de la carne.

En verdad os digo, que si en este tiempo los hombres no limpian las manchas que han dejado en su espíritu, vendrán los elementos anunciando mi justicia y purificando a la humanidad de toda impureza.

¿Veis como la Naturaleza, sus elementos y sus fuerzas hablan de Mí? Pues ella se encargará de abrir los ojos de la humanidad a la verdad. De su seno brotarán lecciones a torrentes hasta hoy contenidas; de sus entrañas surgirán voces de justicia.

Unos despertarán del materialismo que los tiene aletargados; otros de su embriaguez de sangre y de placeres, otros lo harán del sueño de su ignorancia, cuya noche de tiniebla y fanatismo ha sido muy grande.

Para haceros comprender el error en que vivís brotarán volcanes, el fuego surgirá para exterminar la mala hierba.

De esta manera manifestarán los elementos su resentimiento con el hombre porque él ha ido destruyendo uno tras otro los lazos de fraternidad que lo ligan con la naturaleza que lo rodea. Un nuevo diluvio se desatará el cual lavará la Tierra de la perversidad humana, derribará de sus altares a los falsos dioses, destruirá piedra por piedra los cimientos de esa torre de soberbia y de iniquidad y borrará toda doctrina falsa y toda absurda filosofía; mas este nuevo diluvio no será de agua como en aquel tiempo, porque la mano del hombre ha desatado en su contra todos los elementos tanto visibles como invisibles. Él mismo dicta su sentencia, se castiga y se hace justicia.

Cuando todos los elementos y toda la creación dé pruebas y manifestaciones de mi justicia, no lo toméis como un castigo. Si los elementos se muestran hostiles e inclementes es porque entre ellos y los hombres no existe armonía. La naturaleza reclama al hombre sus profanaciones, por ello los elementos han sido desatados.

Con ello la naturaleza no busca la destrucción de quienes la profanan, sólo busca la armonía entre el hombre y todas las criaturas. Si cada vez se manifiesta mayor su justica, es porque las faltas de los hombres y su falta de armonía con las leyes es mayor también.

En su soberbia los hombres han querido someter a la misma Naturaleza y a sus elementos sin darse cuenta de que ellos se tornarán en jueces para castigar el orgullo y la temeridad humanas. La mano imprudente del hombre ha abierto las puertas que detenían las fuerzas y los elementos de purificación, los cuales han caído sobre la humanidad.

Mas debéis de tener cuidado, ¡oh pueblos de la Tierra! porque si continuáis provocando a los elementos, recibiréis, cuando menos lo esperéis, la respuesta dolorosa y justiciera.

Provocáis al aire, al fuego, a la tierra, al agua y a todas las fuerzas y ya sabéis cuál será vuestra cosecha si no rectificáis a tiempo, para lograr detener a los elementos desencadenados por vuestra insensatez. Os advierto que estáis llegando a colmar la medida que permite mi justicia a vuestro libre albedrío, estáis provocando demasiado a la Naturaleza. Y como sois los pequeños que se sienten grandes, viene mi palabra para advertiros del peligro en que os encontráis.

Desde que el hombre formó en el mundo el único reino en que él cree, se rompió la armonía que debe existir entre él y cuanto le rodea, provocando con ello ese caos en que os vais hundiendo.

Os habéis familiarizado en tal forma con la maldad, que aun a los hombres que inventan esas nuevas armas de muerte, rque en un instante pueden destruir millones de seres. Y aun les llamáis sabios. ¿En dónde esta vuestra razón? Grande sólo se puede ser por el espíritu y sabio sólo el que va por el camino de la verdad.

El hombre, desde su trono orgulloso quisiera someter todo el poder de su ciencia e imponer su voluntad sobre los elementos y las fuerzas naturales, mas no lo ha logrado, porque hace tiempo que rompió sus lazos de amistad con las leyes espirituales.

No quisiera el Padre presentarse con reclamos. Cuando la humanidad viva de acuerdo con la obediencia a mis leyes como las demás criaturas viven, conocerá en este planeta la imagen de la vida eterna. Después del nuevo diluvio, brillará el iris como símbolo de paz y de un nuevo pacto que espiritualmente hará la humanidad con su Señor. Hoy concebís que mi justicia os castiga desatando los elementos para sembrar la desolación, el luto y el hambre, sin embargo, algún día comprenderéis que han sido vuestras obras insanas, las que han desatadao. sobre vosotros esta justicia.

Sólo cuando los elementos manifiestan mi justicia, es cuando se estremecen, los hombres, mas no porque comprendan que es la voz de mi justicia la que les habla, sino porque temen por su vida o por sus bienes terrenales.

La mano del hombre ha desatado la justicia sobre sí; en su cerebro se agita un torbellino, en su corazón ruge una tempestad y todo esto se manifiesta también en la Naturaleza: los elementos se desencadenan, las estaciones se hacen inclementes, aparecen y se multiplican las plagas. Es que vuestros pecados crecen produciendo enfermedades y la ciencia insensata y temeraria no reconoce el orden de lo dispuesto por el Creador.

Muchos se preguntan: ¡Por qué Dios no detiene este desastre que los hombres han venido preparando? a lo cual Yo os contesto: es menester que el hombre apure el cáliz que ha llenado; ha mucho tiempo que las naciones con sus diferencias de razas y sus ambiciones han venido preparando la lucha para destruirse; sólo mi caridad es la que le ha detenido, mas esa prueba de misericordia divina no la ha querido ver ni comprender la humanidad.

Por ahora aún tendrán que ser tocados por los elementos en muchas formas, hasta ser convencidos de que existen fuerzas superiores, ante las cuales el materialismo del hombre es muy pequeño. Lo que los profetas hablaron, se cumplirá en este tiempo, mi nueva palabra llegará ante filósofos y teólogos, muchos se mofarán de ella y otros se escandalizarán, mas cuando eso sea, sus ojos asombrados contemplarán el cumplimiento de las profecías que ahora os anuncio.

Cuando estas palabras lleguen a los oídos de los materialistas, éstos sonreirán con incredulidad ante mi doctrina y ante mis profecías, pero nunca el escepticismo del hombre me ha herido.

Nuevamente, como en los tiempos de Noé, los hombres se reirán de las profecías y sólo cuando sientan que las aguas ya cubren sus cuerpos, comenzarán a creer y arrepentirse.

Hoy aún atribuyen estas manifestaciones a simples fenómenos de la Naturaleza, mas llegará el momento en que los ministros de las religiones y los hombres de ciencia y del poder, se pregunten llenos de temor: ¿Será en verdad la justicia del Señor que llama a nuestras puertas? ¿Será el tiempo de su presencia entre nosotros?

Mucho de lo que en este tiempo os he hablado, es profecía que se refiere a tiempos próximos a veces, y a veces a tiempos del futuro, por eso muchos hombres no querrán dar importancia a este mensaje divino, en cambio, esta palabra surgirá llena de luz entre la humanidad de los tiempos venideros, que verán y encontrarán en ella grandes revelaciones, cuya exactitud y perfección dejarán maravillados a los mismos hombres de ciencia.