La gran tribulación

Se aproxima a toda la humanidad una prueba muy grande, tanto que en toda la historia de sus siglos y edades, no ha tenido semejanza, es un tiempo de gran tribulación, en el que no valdrá a los hombres todo su poder, su oro, ni su sabiduría para contener el peso de la divina justicia. Surgirán acontecimientos que a los orgullosos y engrandecidos les parecerán absurdos e ilógicos.

Se acerca esa hora, en que veréis que los pueblos se conmueven ante acontecimientos extraños y sorprendentes.

Grande será la trasformación que sufra la humanidad en breve plazo: instituciones, principios, creencias, doctrinas, costumbres, leyes y todos los órdenes de la vida humana serán conmovidos desde sus cimientos.

Una conmoción de orden espiritual será entre la humanidad como está profetizado y entonces los hombres despertarán para volver a mí. Los caminos están siendo preparados, pruebas y acontecimientos extraordinarios sacudirán al mundo y serán voces de justicia que llamen a los hombres a la regeneración y a la meditación.

La humanidad se encuentra dividida espiritualmente en religiones, sectas, doctrinas e ideologías y Yo demostraré el poder de mi palabra uniéndolas. Antes que esto sea, el mundo se depurará y los espíritus se estremecerán como los bosques al soplo del huracán.

Todo a su tiempo se cumplirá, porque todo lo que se ha profetizado ha tenido siempre una profunda razón de ser, aunque los hombres han dudado cuando aquel anuncio les ha sido revelado mucho tiempo antes de su cumplimiento.

Aun hay acontecimientos que están aún por venir y que no fueron anunciados en aquellos tiempos, porque esas profecías, las tenía reservadas el Señor para darlas a conocer en este tiempo.


Sois como arbustos, que a veces tienen ramas tan secas y enfermas, que necesitan del corte doloroso de la poda, para apartar vuestros males y haceros recobrar la salud. Mi justicia de amor, viene a arrancar del árbol humano las ramas enfermas y secas que carcomen su corazón.

Todo esto habrá de surgir en los hombres cuando el hambre y la sed les hayan llevado hasta los límites de su resistencia, cuando, abatida su soberbia se confiesen arrepentidos delante de su Señor, cuando desciendan de sus tronos y de sus sítiales, desde donde me han ignorado. y me han juzgado y negado; para que arrepentidos de sus errores, vuelvan sus ojos hacia Mí y me hablen como hijos a un Padre que les ha estado esperando por siglos para colmarlos de su amor.