De la ciencia humana

La humanidad de este tiempo ha dado tanta importancia a su ciencia material, que ha llegado a desconocer su vida espiritual.

Ved a los hombres cómo han extendido sus dominios, señorean y cruzan la Tierra, y todos los caminos; ya no hay continentes, tierras, ni mares ignorados, y no conformes con lo que en su planeta poseen como heredad, sondean y escrutan el firmamento en busca de mayores dominios.

Mirad este mundo soberbio retador, y orgulloso de todas las obras de los hombres con las que asombran a las generaciones de este siglo; en su mayoría no creen ni aman la vida espiritual, por lo tanto, no oran ni practican la Ley de Dios. Sin embargo, están satisfechos y orgullosos de poder mostrar un mundo portentoso, de maravillas creadas con el poder de su ciencia.

Pues este mundo maravilloso de los hombres, logrado a través de siglos de ciencia, de luchas, de guerras y lágrimas, por sus propias manos van a destruirlo, porque ya se acerca el instante en que la humanidad se dé cuenta de la inconsistencia y fragilidad de sus obras, a las que ha faltado el amor, la justicia y el verdadero anhelo de perfeccionamiento.

Ya pronto sabréis que nada sois sin Dios, que la fuerza, la vida y la inteligencia sólo de Mí la podéis tomar para hacer una existencia justa y armoniosa.

Os habéis familiarizado en tal forma con la maldad, que aun a los hombres que inventan esas nuevas armas de muerte, les llamáis grandes, porque en un instante pueden destruir millones de seres. Y aun les llamáis sabios. ¿En dónde está vuestra razón, humanidad?

Grande sólo se puede ser por el espíritu y sabio sólo el que va por el camino de la verdad.

Si los hombres sintiesen el verdadero amor para sus hermanos, no deberían de sufrir el caos en que se encuentran, todo en ellos sería armonía y paz; pero ese divino amor no lo entienden y sólo quieren la verdad que llega al cerebro, no la que llega al corazón, y ahí tienen el resultado de su materialismo: una humanidad egoísta, falsa y llena de amargura.

Tras la ciencia han marchado los hombres, y muchas son las maravillas que han descubierto, pero aquélla que da la paz, la salud y la dicha verdadera, ésa no la han podido encontrar, porque está más allá de todo conocimiento humano, precisamente donde el hombre no ha querido llegar. Esa ciencia divina la enseñó Jesús cuando os dijo: "Amaos los unos a los otros".

Entonces podréis comprender que la sabiduría del espíritu es superior a la ciencia de la mente, porque la inteligencia humana sólo descubre lo que su espíritu le revela.

Si la ciencia humana os da muestras de su desarrollo, reconoced que ello revela también evolución espiritual.

En todos los tiempos los hombres de ciencia han desmentido y combatido mis revelaciones y manifestaciones espirituales. Mas Yo no los combato, porque Yo soy la Ciencia. Soy quien la inspira al hombre para el bien y recreo de él mismo. En verdad os digo que quien toma la ciencia para causar males, ése no ha sido inspirado por Mí.

Si censuro la obra de los científicos y reclamo a la ciencia cuando ésta es aplicada insanamente, eso se debe a que esa fuente de vida, esas revelaciones que les he hecho, algunos no las han utilizado para el bien y el adelanto de la humanidad, sino que las han puesto al servicio de la destrucción. Mas todos aquellos que hayan cumplido su misión, elevación y respeto para descubrir lo que haya sido mi voluntad revelarles, en ellos me he derramado, me he complacido y mirad cuántas obras benéficas han hecho.

Los hombres desafían mi poder y mi justicia, al profanar con su ciencia el templo de la Naturaleza en la que todo es armonía.

Si hay quienes se levantan como enemigos míos, no les contemplo como tales. A los mismos que se tienen por sabios y niegan mi existencia, les miro con piedad. A quienes tratan de destruirme en el corazón de la humanidad, les juzgo ignorantes ya que creen tener el poder o las armas para destuir a quien es el Autor de la vida.

Aquellos que se dicen sabios, porque han acumulado algunos conocimientos, ignoran que el verdadero sabio no es aquel que se desvela tratando de descubrir la mejor forma de destruir, de dominar, o de aniquilar, sino aquel que se eleva para poder crear y armonizar la vida de los seres, inspirándose en el amor al Dios de todo lo creado y en el amor a todas las criaturas.

La ciencia humana tiene su límite y Dios Creador no lo tiene. La ciencia es luz, pero en manos de muchos hombres se convierte en tinieblas, las cuales quiero que conviertan en luz y Yo les haré triunfar sobre su materialismo para hacerlos poseedor de los bienes espirituales, les haré penetrar en ese arcano de sabiduría que es mi Espíritu, para que en él, calmen su sed de conocimientos y puedan poseer la ciencia de la vida verdadera.

Yo bendigo en mis hijos el anhelo de saber y me es infinitamente grata su ambición de ser sabios, grandes y fuertes; mas lo que no aprueba mi Divina justicia, es la vanidad en que muchas veces fincan sus ambiciones, o la finalidad egoísta que en ocasiones persiguen.

Os quiero grandes de entendimiento, sabios en las enseñanzas que os he heredado; pero teniendo siempre por guía a la conciencia en todos vuestros pasos en la vida.

Quiero que lleguéis a unir los frutos de la ciencia con los frutos de amor del espíritu.

Yo bendigo la ciencia que los hombres han desarrollado en beneficio de la humanidad. Bendigo la ciencia del hombre, que ha sanado y rescatado de la muerte al que estaba al borde del sepulcro.

¿Soy entonces el enemigo de la ciencia? ¿Soy un obstáculo para el progreso y evolución de mis hijos? Quien así lo cree, es que no sabe interpretar mi palabra, no ha comprendido en su verdad al Padre, porque todo don o facultad que haya en el espíritu del hombre, debe tener desarrollo, porque la evolución es Ley Universal. Todo tiene que perfeccionarse.

La ciencia verdadera, la ciencia del bien, está en Mí y Yo soy quien la inspira a los que me han ofrecido su mente como un depósito para mis revelaciones, son aquellos hombres que con sacrificio de sí mismos han consagrado su existencia en pos de un descubrimiento, de una revelación que beneficie a la humanidad. Esos hombres sí han abierto caminos de luz, sí han llevado a sus hermanos un mensaje de paz, de salud, de consuelo. Unos han realizado obras completas, otros han sido precursores; pero unos y otros os han enseñado con obras que reflejan amor y elevación del espíritu.