De los seres de luz (Los ángeles)

Os habéis empeñado en ignorar la vida espiritual de vuestros hermanos a quienes llamo ángeles o protectores. Esa vida palpita sin cesar dentro y fuera de vosotros, sin imaginaros que estáis tan íntimamente ligados a ella, como lo estáis al aire que respiráis.

Unos llaman "invisible" a aquel mundo, otros dicen que habitan en el "más allá" y ¿por qué? Sencillamente porque carecen de fe para ver y comprender esa vida espiritual, de la cual os sentís extraños de su mundo y que deberíais sentir muy próximo a vuestro corazón.

Para que la fe de la humanidad se afirmara en el conocimiento de la existencia espiritual de los ángeles, en los tiempos pasados os fueron concedidas algunas manifestaciones de esos hermanos vuestros, enviados del Padre.

Cuando os hablo de mi mundo espiritual, me refiero a aquellas legiones de seres obedientes que como verdaderos siervos, sólo hacen lo que la voluntad de su Señor les ordena. Ésos son a los que he enviado entre vosotros, para que sean los consejeros, los guardianes, los doctores y verdaderos hermanos.

Hoy ignoráis la bendita influencia que ejercen entre la humanidad, mas cuando tengáis sensibilidad para percibir las inspiraciones y mensajes que os envían, comprenderéis el sinnúmero de ocupaciones y obras nobles a que ellos dedican su existencia.

Los iluminados son los enviados del Señor. Los llamo iluminados porque son los que han dejado florecer mi simiente de amor en su espíritu.

Ya que os hablo de la bondad y elevación de esos seres, debo deciros que ellos, como vosotros, también tuvieron desde un principio el don del libre albedrío, es decir, verdadera y santa libertad de acción que es prueba del amor del Creador hacia sus hijos. Ellos hicieron buen uso de este don y hoy viven solamente para hacer el bien.

Pocos son los que saben ser sensibles a sus inspiraciones y obedientes a sus indicaciones.

Están limpios y pueden hablar de limpidez; me aman y os aman, por lo tanto, tienen derecho a hablar de amor, están saturados de salud y por esa causa pueden impartir salud a los enfermos.

He dejado a vuestra diestra un ángel guardián, que conoce vuestra vida. Él tiene la misión de guiaros, y de libraros de los peligros.

Tenéis muchos amores tras el velo de la materia; pero vosotros no los conocéis ni sabéis de qué manera os aman desde el Más Allá. ¡Tenéis tantos hermanos y tantos amigos en el valle espiritual a quienes no conocéis! ¡Qué hermosa es la misión que desempeñan, y cómo les dificultáis su labor!

Nunca os portéis como ingratos ante ellos, ni seáis sordos a sus inspiraciones, porque vuestras fuerzas no os bastarán para haceros salir avante en todas las pruebas de la vida.

¡Qué dicha tan grande existe en aquellos guardianes vuestros, cuando ven que su labor es secundada por vosotros y que su inspiración armoniza con vuestra elevación!

¡De cuántos abismos y peligros os han salvado, de cuántas malas determinaciones os han hecho desistir!

En el seno de ellos existe una armonía absoluta, porque la luz que brilla en ellos es la de la sabiduría y el amor.

¡Cuánto os aman y protegen esos hermanos vuestros, y cómo influyen benéficamente en la humanidad!

Aquel mundo es mayor y más hermoso que éste que con vuestros ojos contempláis. Es un mundo de luz y armonía perfecta.

¿A qué ha vino el Mundo Espiritual en este tiempo? A explicar con su palabra y sus obras mi Doctrina, a enseñaros a interpretar mis revelaciones y a ayudaros a comprender su esencia.

Jamás os han dado enseñanzas superfluas; ni han descubierto lo que aún no es tiempo de que conozcáis; nunca han venido a despertar vuestra curiosidad ni a sugeriros ciencias ni poderes misteriosos. Su elevación y su luz no puede permitirles caer en vulgares materializaciones, porque han hecho de la Ley de amor el ideal de su espíritu.

Ese Mundo Espiritual vino por mandato divino a comunicarse en forma humana por breve tiempo, para dejar la impresión de su elevada fraternidad, el testimonio de su existencia y la prueba de su presencia entre los hombres.

Confiad en que esta comunicación no ha sido por voluntad del hombre, ha sido por inspiración divina.

Si la humanidad de ahora no fuese tan insensible, recibiría constantemente mensajes del mundo espiritual y comprobarían que jamás están solos.

Ciertamente que ellos acuden a vuestro llamado, que interpretan vuestros deseos y os imparten su ayuda, porque su misión está inspirada en la caridad; pero aquella ayuda no la habéis logrado con vuestra espiritualidad, sin embargo, os bastará orar y evocar sus consejos, mas hacedlo con pureza, para que sintáis su influencia, y no dudéis de su presencia.

Tenéis tan cerca al mundo de los espíritus virtuosos que vienen en vuestra ayuda, que sólo basta invocarles con fe y respeto, y recibiréis sus beneficios. Llamadlos sin distinción ninguna, en medio de una limpia espiritualidad, libre de fanatismo y supersticiones.

Muchas veces confundís la elevada espiritualidad con prácticas materiales, que en vez de aproximaros hacia ellos, más bien os alejan. Creéis que al invocarlos es más eficaz llamarlos con algún nombre que atraerlos con una oración. Creéis que hay mejor preparación en vosotros si les invocáis encendiendo un cirio u orando en voz alta, y eso no debe ser.

Os he concedido la presencia de los seres de luz en vuestra vida, para que os protejan, ayuden y os inspiren. Ellos, que se encuentran más evolucionados que vosotros, descienden a cumplir un destino de amor, una misión de sembrar caridad y bálsamo entre sus hermanos.

¡Si pudieseis mirar al mundo espiritual que vela por vosotros, cómo padece ante la dureza y desobediencia de la humanidad! Sí pudieseis oír su sollozo espiritual. ¿Por qué no correspondéis a ese consuelo infalible que esos seres os dan? ¿No habéis encontrado en ellos a vuestro dulce y compasivo hermano, a vuestro fiel y desinteresado amigo?

Mis ángeles están diseminados en el Universo, cumpliendo mis mandatos de ordenar y volver todo a su cauce. Y cuando todos hayan cumplido, la ignorancia habrá desaparecido, el mal no existirá y sólo el bien reinará en la Tierra.

¿Les habéis reconocido? Es el mundo espiritual que ha venido entre vosotros a dar testimonio de mi presencia entre la humanidad.

Os he prometido enviar a morar entre vosotros a los espíritus de grande luz, que esperan tan sólo el momento de encarnar y cumplir una gran misión de restauración.

Cuando aquellos seres habiten este mundo, ¿qué tendréis que enseñarles? Nada, porque ellos vendrán a enseñar, no a aprender. Os maravillaréis de escucharles desde la infancia hablando de enseñanzas profundas, sosteniendo conversaciones con los hombres de ciencia y con los teólogos, asombrando con su experiencia a los ancianos y aconsejando la buena senda a la juventud y a la niñez.

¿Por ventura será vuestro hogar el que reciba la presencia de aquellos seres de luz? Si estáis preparados os elegiré; si no lo estáis, buscaré corazones dispuestos y ahí les enviaré.

Mañana, cuando el conocimiento sobre la vida espiritual se haya extendido por el Orbe, reconocerá la humanidad la importancia de esos seres y los bendecirán.

¡Cuántas veces los apóstoles, los profetas y los enviados del Señor hablaron al mundo bajo la influencia del mundo espiritual sin que la humanidad se diera cuenta de ello.