Humanidad..un momento de reflexión

Han pasado muchos siglos sobre el hombre en la Tierra y aún no ha sabido ser feliz ¿Por qué? Sencillamente porque él ha querido encontrar esa felicidad sin buscarla en el sendero verdadero que es el camino que traza mi Ley, Ley de amor y justicia, de armonía y pureza.

Analizad vuestros conflictos, estudiad los problemas que os afligen, y luego poned en práctica mis mandamientos y mis máximas, y veréis cómo en ellas puede encontrar la humanidad la solución de todos los problemas que la afligen.

El mundo se agita en medio de una tempestad y ha perdido el rumbo. No se ha levantado a buscar el camino certero, se ha conformado con vivir, buscando lo necesario para el sustento de su cuerpo y ha olvidado en el fondo de su ser al espíritu, a quien he confiado una misión muy alta.

Este mundo, que debe ser el hogar de una sola familia, es manzana de discordia y motivo de absurdas ambiciones, traiciones y guerra.

El mundo se encuentra cansado de palabras, de doctrinas y filosofías, cada quién quiere ser el único poseedor de la verdad, y tener superioridad sobre los demás. El mundo, de lo que se encuentra hambriento hasta la angustia y sediento hasta la muerte, es de amor, por eso os repito, que una obra de caridad, aunque pequeña, pero sincera, sentida y verdadera, podrá más que mil sermones o discursos de palabras bellas, pero huecas y faltas de verdad, como son las que día tras día escuchan los pueblos del mundo, sin que aquellas palabras sean llevadas a la práctica.

En verdad os digo que en la época en que el hombre vivia en cuevas, se arrebataban el alimento los unos a los otros; los más fuertes se llevaban la mayor parte; el trabajo de los débiles fue en provecho de los que se imponían por la fuerza, y también se mataban hombres con hombres, tribus con tribus y pueblos con pueblos.

¿En dónde está la diferencia entre la humanidad de ahora y la de aquellos días?

Yo os digo que en la lucha del espíritu y la materia, ha sufrido el espíritu una derrota, una caída dolorosa, que poco a poco lo ha ido alejando más y más de la fuente de la verdad.

Mas su derrota no es definitiva, es pasajera, porque del fondo del abismo se levantará cuando ya no pueda soportar su hambre, su sed, su desnudez y sus tinieblas.

¿Cuándo llegarán los hombres al completo hastío de los placeres que la carne les ha venido proporcionando? ¿Hasta cuándo llegarán a darse cuenta de que, esos placeres les han estado impidiendo deleitarse con las gracias del espíritu? Son vasallos del reino del pecado, son esclavos de sus pasiones y van por el mundo semejantes a los sordos, a los ciegos, a los paralíticos y leprosos sin darse cuenta de sus errores.

Los ciegos van guiando a los ciegos; es así como veo a muchas de las naciones del mundo, se ha debilitado la virtud y se han perdido los buenos sentimientos; el corazón humano que debe ser quien inspire todos los sentimientos nobles y todo pensamiento elevado, hoy se ha convertido en fuente de egoísmo, de vicios y de errores.

Un fuego está consumiendo ahora a esta humanidad, pero no es el mío, el fuego con el cual se están destruyendo hermanos con hermanos, proviene del incendio de sus violencias, pasiones, odios, de su desmedida codicia, venganzas y materialismo.

Ese fuego en que se consume la humanidad, no es el que nace del Espíritu Santo, sino de ese infierno que los hombres han creado con sus pecados.

Mi fuego divino es vida que despide luz para todos los seres, no destrucción ni muerte.

Mi fuego es la luz que purifica y ennoblece, que alumbra y fortalece, mas nunca el fuego que atormenta sin fin o que extermine la vida del espíritu.

Los hombres se han alejado de la senda que les marca la conciencia, han perdido la razón, se han apartado del sendero de la moral y de los buenos sentimientos. No han querido detenerse a tiempo, no han meditado y van hacia el fondo del abismo que han labrado y al encuentro de las tinieblas. Sin embargo, mi amor les perdona sus faltas y mi luz ha tratado de detenerles, mostrándoles que van por un camino equivocado; pero mi Ley respeta el libre albedrío de que les he dotado, aunque mi justicia les dejará que recojan el fruto de lo que van sembrando en su vida.

Es indispensable que Yo me presente a descubrir la verdad que en vosotros existe y que no habéis querido mirar, mas, ya he llegado y os enseñaré a escuchar el mensaje de vuestra conciencia.

Estáis tan familiarizados con el pecado, que vuestra vida llega a pareceros lo más natural, normal y licito, tal parece que Sodoma y Gomorra, hubiesen volcado sobre esta humanidad, toda su perversidad y su pecado.

A ricos y a pobres les preocupa el dinero, cuya posesión es engañosa, también les estremece el dolor, la enfermedad y la idea de la muerte. Unos temen perder lo que tienen y otros ansían tener lo que nunca han poseído. A unos todo les sobra, mientras a otros todo les falta, pero todas estas luchas, pasiones, necesidades y ambiciones, sólo hablan de la vida material, de hambre del cuerpo, de bajas pasiones, de anhelos humanos, como si en realidad careciesen de espíritu.

Estáis siempre preocupados por los bienes de la Tierra; os conformáis con lo primero que llega a vosotros o sea un poco de tranquilidad en el corazón, un techo seguro, un poco de salud corporal, el calor de los vuestros y un puñado de monedas.

Así contemplo al espíritu de la humanidad en este tiempo: hambriento, porque el pan se le ha ocultado, náufrago, porque ha debilitado ante las pasiones del mundo y no ha encontrado una mano salvadora que se tienda hacia él.

El mundo y la materia han vencido temporalmente al espíritu, comenzaron por reducirlo a la esclavitud y acabaron por nulificar su misión en la vida humana. ¿Cómo no vais a daros cuenta por vosotros mismos, de que esa hambre, esa miseria, ese dolor y esa angustia que deprimen vuestra vida, no son sino el reflejo fiel de la miseria y el dolor de vuestro espíritu?

Los hombres olvidan el idioma con el que les habla la conciencia y dejan apagar la fe de su espíritu para entregarse unos al materialismo, otros a renegar en contra de esta existencia, pretextando un anhelo infinito de huir de este mundo para pasar a otra vida.

Aunque parezca absurdo, esta es la hora propicia para que mi palabra encuentre eco en el corazón de los hombres.

Cuando la humanidad se encuentra en la mayor altura de perversidad, la luz de mi espíritu ha descendido convertida en palabra comprensible al hombre para salvarle, mostrándoles el camino de su restitución, ayudándolos a cumplir con ella y haciéndoles comprender el galardón que les espera.