¿Por qué el dolor y las pruebas en el camino de la humanidad?

Nunca había estado este camino de evolución tan lleno de dolor y amargura como ahora, sin embargo, hay cálices que todos tienen que beber, unos primero y otros después.

Todos los días de vuestra existencia, es una página del libro, que cada uno de vosotros está escribiendo. Cada día está señalado con una prueba y cada prueba tiene un significado y una razón.

A cada paso la vida os hace sentir y pagar con intenso dolor vuestros errores, pero en vez de deteneros a meditar y a reconsiderar vuestros hechos, dejáis que vuestro corazón se endurezca y se envenene más.

Estas pruebas son lecciones que la vida os da, para deteneros en la carrera vertiginosa que os conduce al abismo.

Hay pruebas que os las envía mi justicia, pero la mayor parte de ellas vosotros os las vais labrando con vuestras debilidades.

Yo quisiera que siempre fuera el amor del Maestro el que os enseñara el camino y la finalidad de la vida; pero vosotros habéis preferido que sea el dolor el que os enseñe. Ya pasaréis de ese amargo maestro a recibir las lecciones del que os enseña con dulzura.

Cada prueba está anotada en el destino de cada quien ¿Por qué retroceder ante ellas? No las contempléis con indiferencia.

No hay pruebas que sean inútiles, no hay prueba que no tenga solución, ni dolor que no deje un rayo de luz en el espíritu. Todas tienen un fin, que es el de perfeccionar a vuestro espíritu.

¡Ah, si comprendieseis cómo el dolor que llega a tocar a la envoltura, es un bálsamo y un alivio para el espíritu! Porque mientras la materia tuvo salud y bienestar, el espíritu muchas veces fue arrastrado al abismo, o se sintió aprisionado dentro de una vida llena de placeres y pasiones desatadas, pero vacía de luz para el espíritu. Hasta que llegó el dolor, como una fuerza más poderosa que las pasiones humanas, a detener al hombre en su ciega carrera, haciendo que el espíritu se libere, bendiciendo el dolor y reconociendo que no existe justicia más sabia que la de Dios.

¡Cuánto bien hace el dolor en el espíritu, cuando ese cáliz es bebido con amor y paciencia!

Sois como arbustos, que a veces tienen ramas tan secas y enfermas, que necesitan del corte doloroso de la poda, para apartar vuestros males y haceros recobrar la salud. Mi justicia de amor, al arrancar del árbol humano las ramas enfermas que carcomen su corazón, lo eleva.

Cuando a un hombre le va a ser cortado un miembro de su cuerpo, gime, tiembla y se acobarda, aun sabiendo que es para apartar de él lo que tiene enfermo, lo que está muerto y amenaza a lo que aún puede vivir. También los rosales, cuando sufren el corte de la poda, vierten su savia como lágrimas de dolor; pero luego, se cubrirán de más hermosas flores.

Comprended que si el dolor llega hasta vosotros, es porque lo necesitabais; también debéis comprender que si la alegría llega a posesionarse de vosotros, era porque también la estabais necesitando.

No habéis podido comprender la verdad, y es por eso que cuando él dolor embarga vuestro corazón, os creéis victimas de una injusticia divina, y Yo os digo que en Dios no puede existir ni la menor injusticia.

Estáis cubiertos aún con el velo de la ignorancia, llenos de falsos temores y prejuicios, que no os habéis atrevido a rasgar; por eso; cuando llega una prueba a vuestra vida y no le encontráis alguna causa clara, clamáis diciendo: Pero, ¿Qué he hecho yo para que así se me castigue? Sin saber que a veces mi justicia tarde siglos y hasta eras para llegar a un espíritu. Mi justicia siempre lse presenta y aunque en apariencia llegue tarde o fuera de tiempo, lo cierto es que se manifiesta siempre en forma sabia

No creáis que las consecuencias de una desobediencia, se palpan inmediatamente; no, lo que sí os digo es que tarde o temprano tendréis que responder de vuestras obras; que a veces llegará a pareceros que ya vuestra falta no tuvo consecuencias en vista de que el tiempo pasa y mi justicia no da señal alguna, pero debéis saber que como juez soy inexorable y que, llegado vuestro juicio, abriréis vuestros ojos ante la luz de la conciencia.

En este tiempo la humanidad apura el cáliz de amargura y dice: “Es castigo de Dios”.¡Cuántos hay que bajo el dolor de sus pruebas me han llamado el Dios imperfecto e injusto, sin reconocer que el dolor que van recogiendo lo sembraron ellos mismos y que sólo por él serán limpios y libres de su fardo!

¡Cuán importante es que esta humanidad llegue al conocimiento de lo que significa la restitución espiritual.

Restituir, es devolver a vuestro espíritu su pureza y limpidez que habéis manchado a través de los siglos, con tantas imperfecciones.

El tiempo de la restitución y de la purificación tenía que llegar aunque para ello tuvieran que pasar siglos sobre el mundo y vuestro espíritu tuviese que aguardar esa hora. Y ese tiempo ha llegado, es éste, comprendedlo, vividlo y aprovechadlo.

Por eso he venido, para ayudaros a reparar vuestros errores, a revelaros el secreto de reponer en un día, un año perdido y en un año un siglo mal empleado, y así capacitaros para conquistar la eternidad.

Una hermosa oportunidad de restituir y saldar vuestras deudas os ha ofrecido mi justicia; no desaprovechéis ni uno solo de los días de vida que os he confiado. Comprended que Las reencarnaciones han pasado sobre vosotros y muchos no habéis estimado la gracia infinita y el amor que con ellas os ha concedido vuestro Dios. Mirad que mientras mayor sea el número de oportunidades, mayor será vuestra responsabilidad y si no son aprovechadas, en cada una irá en aumento la restitución y la justicia; ese es el fardo cuyo peso insoportable muchos seres no se explican y sólo mi Doctrina os puede revelar.

Las ciencia, las religiones y los teólogos no pueden explicaros cómo obra mi justicia.

A veces en el corazón de un miserable se oculta el espíritu del que en otro tiempo llevó corona sobre su cabeza, o en un presidiario se esconde el que en otra vida privó de su libertad a un pueblo.

No habrá elevación en el dolor mientras no se sufra con amor, respeto a mi justicia y conformidad ante lo que cada quien se ha labrado.

No os canséis de esta vida, no reneguéis de vuestras penas porque no sabéis qué deudas de pasadas existencias estáis saldando.

¿Sabéis acaso vuestra deuda conmigo? ¿Sabéis en qué forma lavaré vuestro espíritu para que vuelva a Mí tan puro como brotó de Mí?

No huyáis de las pruebas, aprended a hacerles frente. Llamadles justicia, expiación o lecciones, y estaréis en lo cierto y en lo justo.

Si de momento no podéis deshaceros de vuestro dolor, llevadle con paciencia; no desperdiciéis sus enseñanzas, amadlo, por que él ha venido a purificar vuestras manchas y a haceros grandes en la fe, en la virtud y en la paciencia.

Aceptad esas pruebas con valor y confianza en vuestro Señor, ellas no se apartarán de vuestro paso ni se resolverán con vuestra rebeldía o inconformidad. En cambio, con elevación espiritual, con fe, con serenidad, venceréis las más grandes pruebas.

Mas si queréis evitar pasar por el dolor o apurar el cáliz de amargura, podéis lograrlo saldando vuestra deuda con arrepentimiento, con buenas obras, con todo lo que vuestra conciencia os diga que debéis hacer. Así saldaréis alguna deuda de amor, devolveréis una honra, una vida o la paz, la salud, la alegría o el pan, que alguna vez hubieseis robado a vuestros hermanos.

Esa conquista podéis hacerla fácilmente por el amor o penosamente por el dolor. Yo os ayudo, os consuelo y os dirijo, mas a vosotros toca hacer el resto. También os oculto el libro de vuestro pasado, pues si contemplarais sus páginas, lloraríais de pena y enfermaríais de tristeza. En muchos, sería tan grande su horror y su amargura, que se considerarían indignos de perdón y redención. Ahí, en esas tinieblas, también brilla mi amor, impidiéndoos una agonía terrible y sin fin. Mas si conocieseis las páginas futuras del libro de vuestra vida, ¡cómo sonreiríais de dicha!

Aprended a bendecir vuestro dolor lo mismo que si se tratase de vuestras alegrías. Bendecidlo todo.

No es que Yo os diga que es el dolor lo que debéis amar, no, es la paz, es la dicha, es la luz la que debéis amar, pero ya que el dolor, como resultado de vuestras imperfecciones ha llegado a vuestros labios como un cáliz de redención, apuradlo con paciencia y bendecidlo, sabiendo que a través de él podréis encontrar vuestra purificación, así como la revelación de muchas verdades.

Bendecid vuestro dolor, no sequéis con coraje vuestras lágrimas, bendecid vuestro pan por pobre que éste sea y lo encontraréis más dulce y sustancioso.

Hoy muchos maldicen el dolor, pero mañana lo Bendecirán como a un maestro que les enseñó elevadas y bellas lecciones.

La primera lección, o sea la primera página, es la más sencilla, mas si no es comprendida a pesar de su sencillez, viene la segunda a explicar el contenido de la primera y así sucesivamente, hasta el final de este gran libro de la vida que he puesto delante del hombre

Sosegad el corazón y despejad El entendimiento para que comprendáis lo que os digo, pequeños párvulos de la vida.

Cuando veo que os dejáis vencer por el dolor y que en vez de extraer de él la luz que cada prueba encierra, os concretáis a llorar, a maldecir, o simplemente a esperar la muerte como el fin de vuestros sufrimientos, es cuando me aproximo a llamar dulcemente a vuestro corazón.

En la infinita ternura de Dios, tendrán que desvanecerse todos vuestros dolores y pesares.

No olvidéis que el mérito no consiste en sufrir, sino en saber sufrir con amor hacia el Padre, con fe y paciencia, a fin de extraer del sufrimiento el mayor provecho y las más profundas lecciones. Si en vuestras pruebas no hubiese amor hacia la voluntad de vuestro Padre, no habréis hecho méritos ante Mí, no habréis sabido aprovechar la oportunidad de elevaros un poco más y por lo tanto, tendréis que volver a pasar por aquella prueba que es necesaria a vuestro espíritu. Otra sería vuestra vida si en vez de arrastrar penosamente vuestra cruz, avanzaseis por el sendero bendiciendo vuestro dolor, pues al instante, sentiríais como si una mano invisible llega hasta vosotros para apartar de vuestros labios el cáliz de amargura.

Quien considere el dolor como un maestro y con mansedumbre acate los llamados que le hace para la regeneración, el arrepentimiento y la enmienda, ése conocerá después la dulzura, la paz y la salud.

¡Hoy es el dolor el que os purifica; mañana será vuestra espiritualidad!