El Amor de Dios para quienes han cometido errores

A los que se nombran desheredados, a los que dicen que su estrella no brilla y creen que son lámparas apagadas, a quienes quieren dejar los vicios que durante mucho tiempo han sido el flagelo de su vida, y a los que lamentan haber venido a la vida para llorar, os digo:

Sé de la lucha que existe en vuestro espíritu, de las debilidades de vuestro corazón, ya que a veces no encontráis fuerzas para dejar las insanas pasiones y los vicios, es cuando eleváis vuestra súplica a vuestro Dios pidiéndole venga en vuestro auxilio

Pues aquí estoy, soy el inseparable amigo del corazón humano. Si me buscáis como consejero, recibiréis sanos y amorosos consejos. Si necesitáis alivio para vuestros males, me tenéis como doctor, fortaleciendo vuestro espíritu.
Pero os digo; invocadme con respeto cuando en medio de los vicios os encontréis, sabiendo que hacéis daño a vuestro espíritu y causáis degeneración a vuestro cuerpo.

Es necesario que comprendáis que he venido a romper las cadenas que os han convertido en esclavos del dolor, a liberaros de sufrimientos que vosotros mismos os habéis forjado y que habéis hecho más duraderos porque repetís vuestros errores e imperfecciones. Pero si vosotros sois necios en el mal, Yo soy constante en mi amor; y si fuéseis a los antros del fango o del más profundo abismo de vuestras pasiones, ahí llegaré a buscar a los perdidos para llevarlos al Reino de la Luz y de la verdadera paz.

Quiero que el incomprendido por la humanidad se sienta comprendido por Mí.

Muchos se preguntan: ¿Cómo es posible que Dios ponga sus ojos en la humanidad de este tiempo, si ve que vivimos en un mundo de cieno y de pecado, lo cual nos hace indignos de tanta gracia? A lo cual Yo os respondo, que mi poder hace brotar lirios y rosas de entre el mismo fango de donde nadie podría imaginar que surgiera una flor de tan maravillosa pureza.

A los hombres y mujeres, solitarios e incomprendidos, convertidos en esclavos de pasiones o vicios, a las mujeres abandonadas o las doncellas temerosas de enfrentarse a la vida, a todos les escucho y les toco el corazón con el fino cincel de mi palabra.

Vengo como vuestro Padre a atender toda súplica, a recoger vuestras lágrimas, a curar vuestras dolencias, a hacer que os sintáis perdonados y absueltos de vuestras manchas para que rehagáis vuestra vida.

¿Es una falta llorar delante de Dios? En verdad os digo, que quien no experimente esa necesidad de desahogar una pena o de expresar una suprema alegría, es que en lugar de corazón tiene una piedra, porque no siente en ninguna forma mi presencia.

El llanto, en los instantes de vuestra meditación es prueba de sincera emoción y cada lágrima es más elocuente que mil palabras, de las más hermosas y expresivas de vuestro idioma. Pero no en todos se manifiesta por medio de lágrimas el llanto del espíritu, el arrepentimiento o el gozo. En muchos de mis hijos ese sentimiento es interior, oculto, callado, visible sólo para Mí. Ellos parecerán insensibles o impasibles; pero su corazón es tanto o más sensible que quienes exteriorizan sus sentimientos.

Cuando el hombre se aleja de la senda del bien, por falta de oración, pierde su fortaleza moral, su espiritualidad y queda expuesto a la tentación, y en su debilidad, da cabida a los pecados, y éstos enferman el espíritu, el corazón, la mente y el cuerpo. Mas Yo, he venido como Doctor al lecho del enfermo y he puesto en él todo mi amor y mi cuidado.

Si las fieras en las selvas, las aves en el espacio y las flores en los valles, reciben a cada instante el efluvio de amor y de vida de su Padre, ¿Cómo será posible que lleguéis a pensar que Yo os niegue un sólo segundo la gracia de mi amor divino, cuando lleváis en vuestro ser un fragmento, de mi propia Divinidad?

¿No habéis visto como los rayos del sol, llegan hasta la más infecta charca, elevándola a los espacios, purificándola y convirtiéndola finalmente en nube que habrá de pasar sobre los campos, fecundándolos?

¿Os parece extraño que os procure con tanto afán? Es que no tenéis verdadero conocimiento de lo que es mi amor por vosotros, o de lo que significáis para Mí, porque os habéis formado un concepto muy, pobre, respecto de vuestro Padre.

Cuántas veces he sorprendido a los hombres preguntándose sino habrá alguna forma de comunicarse con Dios y muchas veces, suspirando han exclamado: ¡Ah, si pudiese hacerle una consulta a Dios y recibir de Él la respuesta! Mas luego, creyendo que eso es imposible, se resignan y continúan buscando mi misericordia a través de cultos externos y ofrendas materiales, aunque muy dentro de su ser no alcanzan a concebir cómo un Padre que siempre ha dicho amar tanto a sus criaturas, no se digne responderles cuando ellas le invocan y le llaman. ¡Ah pequeños seres consagrados a la vida terrenal, si supieseis que esa necesidad de comunicaros conmigo es sed que llevo en mi Espíritu!

Yo os escucho en silencio, no necesito que tengáis que mover vuestros labios. No soy el pecador que está escuchando a otro pecador.

Lo que me confesáis, sólo Yo lo sé. Mas este confidente que tenéis en Mí nunca publicará vuestras faltas, ni mucho menos os delatará.

Vosotros no debéis mirar a Dios, a un Juez terrible, sino al Padre de amor perfecto.

La Ley del Padre es de amor, de bondad, es un bálsamo que da consuelo y fortaleza al pecador, para que pueda soportar la restitución de sus faltas, y siempre da oportunidad generosa al que delinque, de regenerarse, mientras vuestras leyes por el contrario, humillan y castigan al que se ha equivocado y muchas veces al inocente, al débil. En vuestra justicia hay dureza, venganza y falta de piedad.

¡Qué injusta es la justicia humana! ¡Cuántas víctimas de los malos jueces expían faltas ajenas! ¡Cuántos inocentes han visto cerrarse las rejas de la prisión delante de sus ojos, mientras el culpable camina libre llevando invisiblemente su fardo de hurtos y de crimen!

Estos seres recluidos en lugares de expiación, muchos son espejos en los que la humanidad no se quiere mirar, porque sabe que la imagen que aquel espejo les devuelve, será en muchas ocasiones el de la acusación.

La Ley de Dios es de dulce persuación, de infinita justicia y de suprema, rectitud. Vosotros mismos sois vuestros jueces, en cambio Yo soy vuestro defensor incansable; pero es necesario que sepáis que existen dos maneras de pagar vuestros agravios: una con el amor y otra penosamente con el dolor.

Yo soy el divino juez, que no aplica jamás una sentencia mayor a la falta cometida. Cuántos de los que se acusan delante de Mí, Yo los encuentro limpios. En cambio, cuántos pregonan limpidez y los encuentro perversos y culpables. A ellos vengo a detener en su veloz carrera, inspirándoles el verdadero arrepentimiento

En verdad, en verdad os digo, que hay más amor en los pecadores arrepentidos, que en aquellos que se han tenido siempre por buenos.

El corazón del pecador, es más sensible al toque de mi amor, así van por el mundo muchos hombres y mujeres que buscan una frase o una luz redentora, un consuelo para su pena. Buscan a alguien, que no les señale sus faltas y que les hable de una vida mejor, mas no lo encuentran, entonces se encierran en sí mismos, se vuelven herméticos y a nadie les confían sus secretos.

Os hablo así, porque he de remover la ceniza que hay en vuestro corazón hasta encontrar en él una chispa de luz. Os amo, y si un paso os alejáis de Mí, ese mismo doy para acercarme a vosotros. Si me cerráis las puertas de vuestro templo, Yo llamaré a ellas hasta que abráis para penetrar en él.

Cuando un hombre llega a creer que sus faltas no tienen perdón, se aparta de Dios, ¡Ah, si supiera que un instante de sincero arrepentimiento puede salvarle conduciéndole a su restitución que por muy lejos que crea estar de mi Divinidad, un solo paso le separa y ese paso es el de su verdadero arrepentimiento!

Ni la muerte, ni la falta de amor podrá destruir el lazo que os une a Mi. Meditad: si Yo estoy en vosotros ¿Adónde me habéis llevado cuando pecáis?