¡El poder y virtud de la oración!

¡Si los hombres de este tiempo comprendiesen el poder de la oración, cuántas obras sobrehumanas, realizarían! Pero viven una época de materialismo, en el que hasta lo divino tratan de materializarlo para tocarlo y poderlo ver.

Si tuvieseis una fe grande y un conocimiento mayor sobre la fuerza de la oración, cuántas obras de caridad haríais con vuestro pensamiento; pero no le habéis concedido todo el poder que ella tiene y es por eso que muchas veces no os dais cuenta de lo que rechazáis en un momento de sentida y verdadera oración.

Aprended a orar, porque con la oración podréis hacer mucho bien. Es la oración escudo y arma contra todas las acechanzas, con ella, os defenderéis; pero sabed que esa arma no debe herir ni lastimar a nadie, porque su única misión es brillar en las tinieblas.

Os digo que oréis, porque aquel que no ora, se entrega a pensamientos superfluos, materiales y a veces insanos, con lo cual, sin darse cuenta fomenta y alimenta las guerras homicidas; mas cuando oráis, vuestro pensamiento como si fuera espada de luz, rasga los velos de oscuridad y los lazos de la tentación que hoy están aprisionando a muchos seres, satura de espiritualidad el ambiente y contrarresta las fuerzas del mal.

Orad, pero con verdadera fe en el poder de la oración, con una fe tan grande que supere la fuerza de las armas con que vuestros hermanos combaten en la vida y destruyen la paz de sus semejantes.

El pensamiento y el espíritu, unidos para orar, crean en el hombre una fuerza superior a toda fuerza humana

¿No os he enseñado que hasta los elementos desatados pueden escuchar vuestra oración y apaciguarse? Si ellos obedecen a mi voz, ¿Por qué no han de obedecer la voz de los hijos de Dios, cuando ellos se hayan preparado?

Todos los que han alcanzado milagros, todos los que han dado pruebas de poder espiritual, así han orado. Así lo hicieron los patriarcas de los primeros tiempos: de espíritu a Espíritu; así oró Moisés en el desierto y Daniel en el foso de los leones. Así vine Yo en Jesús, a fortalecer al hombre en el conocimiento de la oración verdadera, probando ante sus ojos el poder de la oración espiritual.

Jesús oró en el desierto ante la multitud y multiplicó los panes y los peces, maravillando a los hombres. Oró ante el sepulcro de Lázaro y dio pruebas de que la oración nacida de la fe y de la caridad, da salud y vida. Oró ante sus discípulos, revelándoles el poder que el hombre adquiere cuando sabe, ponerse en comunicación con su Padre.
Este estado de elevación no es privilegio tan sólo de algunos seres, es un don que está latente en todo espíritu, pero siempre me ha sido grato servirme, de aquellos que han sabido hacer uso de esa gracia.

Dos requisitos tan sólo necesitáis para haceros dignos de tal caridad: el primero es vuestra manera de vivir, recta, útil, inspirada siempre en el bien y en la caridad, y una fe que os haga superiores a todo cuanto haya en la Tierra, que os dé fuerza para que, llegado el instante os aleje de un peligro, os eleve por sobre toda miseria, os haga insensibles al dolor y os ayude a vencer aún a la misma muerte.

En verdad os digo, que con bondad y fe, lograréis hacer obras poderosas y sobrehumanas, con las que deis en este tiempo el mejor de los testimonios sobre la fuerza de la oración y del amor.

Este será el tiempo en el que los hombres se den cuenta del poder de la oración y para que ella, tenga verdadera fuerza y luz, es menester que con amor la elevéis a Mí.

No olvidéis que para que la oración resulte efectiva, vuestra fe tiene que ser firme, grande, que la caridad sea la esencia de vuestra elevación. Si al orar, vuestra mente está limpia y se ha alejado de todo el materialismo que la rodea, Yo os concederé lo pidáis para vuestros hermanos. Veréis entonces con admiración cómo en vuestros labios se desborda el consuelo para el que sufre. Vuestra labor será fructífera y bendita porque estaréis practicando mi lección de amor.

Si todos los hombres orasen, nunca perderían la senda de luz trazada por Mí. Por la oración, sanarán los enfermos, y volverá la salud y la paz a los espíritus.

En la oración, el débil se fortalece, el cobarde se reviste de valor, el ignorante se ilumina, el torpe se despeja. Por la oración se logra la paz, se adquiere sabiduría, se obtiene salud, se comprende lo profundo, se ilumina la mente y se fortalece el espíritu.

¡Cuán diferente es la conducta del que se olvida de orar y de velar! Voluntariamente renuncia a defenderse con las mejores armas que en el hombre he puesto, que son la fe, el amor y la luz del saber.

Os inspiro la verdadera lucha en contra del mal y os revelo cuál es el arma más poderosa e invencible, para que triunféis, aconsejándoos que primero limpiéis vuestro corazón para que luego os elevéis hacia Mí, os llenéis de luz y de fortaleza, para luego enviar vuestros pensamientos como destellos luminosos entre los pueblos sin paz y los hombres sin esperanza.