¡Intercesión y gratitud!

¿Os duele verdaderamente la situación que atraviesa la humanidad? ¿Siente vuestro corazón el dolor de las naciones que se destrozan con la guerra?

Si os conmueve el dolor de los enfermos y de quienes han sufrido las inclemencias de la guerra y queréis enviarles un poco de paz y de consuelo, buscad al enfermo más próximo, tomadlo como una representación de aquellos ausentes y depositad en él vuestra caridad en nombre mío, y Yo estaré acariciando y sanando a multitud de enfermos, en esas naciones adoloridas.

En los instantes de vuestra oración la guerra se apacigua, los corazones descansan, las madres encuentran consuelo y los niños refugio

Los hogares que viven en paz, deben orar por los hogares destrozados. Las viudas que han encontrado la resignación y consuelo, acompañen en pensamiento a las que van sin rumbo enloquecidas de dolor.

Si anheláis paz para un pueblo, no es necesario que vayáis hasta él, haced la paz en vuestro corazón y en vuestro hogar y esto bastará para que reflejéis en el espíritu de ese pueblo la concordia y la unificación.

Que vuestras penas no os hagan olvidar a los que viven en continua desesperación y angustia. Grandes son vuestras aflicciones y dificultades en la vida diaria, mas no podéis compararlas con aquellas que agobian a algunos de vuestros hermanos.

¿No os movéis a compasión pensando en aquellos de vuestros hermanos que no tienen un instante de paz? ¿No causaría gozo a vuestro corazón, si os dijese que por vuestras oraciones y pensamientos envueltos en caridad, pueden despertar a la luz vuestros hermanos?

Si os digo ahora que debéis aprender a pedir, es porque anteriormente vuestra petición era incompleta y egoísta, sólo os acordabais de pedir para vosotros o para los vuestros.

Mi lección de ahora viene a deciros que debéis aprender a sentir las penas de los demás; sabed vivir y sentir los dolores y sufrimientos de vuestros semejantes, las desgracias que afligen a vuestros hermanos; que debéis aprender a entender a quien lleva oculta una herida y a sentir los sufrimientos de aquellos que, por estar distantes, no podéis contemplar. Entre estos últimos debéis de considerar a los que habitan otros pueblos y naciones, a los que moran en otros mundos o en el más allá. No temáis si algún día os olvidáis de vosotros y sólo os acordáis de los demás, porque nada habréis perdido. Sabed que quien ora por los demás, lo está haciendo por sí mismo.

En este tiempo de gran lucha espiritual, acompañad a los hombres con vuestra oración. Si los veis llorar, no unáis vuestro llanto a la causa que a ellos hace llorar, pero llorad por ellos.

Pensad en que hay muchos de vuestros hermanos que no oran y sí sufren.

Cuando paséis junto a un extraño a quien no podáis dirigir palabra alguna, pero sintáis conmovido vuestro corazón y vuestro espíritu eleve su oración, presentándome el sufrimiento de aquel hermano vuestro, Yo le daré lo que necesita, porque habéis depositado en Mí su dolor.

Quiero también enseñaros a cumplir vuestros deberes para con vuestros hermanos, quienes gobiernan en el mundo: Si queréis que sus determinaciones sean favorables y justas para sus pueblos, debéis ayudarlos con la oración.

A quienes comprendan mi palabra y la practiquen en su vida, os encargo orar por todos los que en su materialismo alteran el sentido de la verdad, y que orgullosos y envanecidos en su ciencia han llegado a creerse sabios, creadores y fuertes y se ríen de los que aún, acordándose de Dios, elevan a Él sus preces. Creen tener en sus manos el destino de la humanidad ignorando que también se encuentran bajo mi divina justicia. Ellos necesitan como nadie de vuestras oraciones y de vuestra ayuda espiritual.

¿Veis esos hombres que tan sólo viven para satisfacer sus desmedidas ambiciones, pasando sobre la vida de sus semejantes, sin respetar los derechos que Yo, su Creador, les he concedido? ¿veis cómo sus obras sólo hablan de envidia, de odio y de codicia? Pues es por ellos por los que debéis orar.

A estos hombres perdonadles todo el dolor que os causan y ayudadles con vuestros pensamientos limpios a razonar. No hagáis en torno a ellos más densa la niebla que les rodea, porque cuando tengan que responder de sus actos, también llamaré a responder a quienes en vez de orar por ellos, sólo les enviaron tinieblas con sus malos pensamientos.

¡Por ello quiero que veléis, por eso quiero que oréis, que perdonéis y que améis!

No tratéis de sentir piedad por Mí, porque no existe nada en Mí que pueda inspirar lástima a los hombres; pero en cambio, inspiraos en aquel amor, que a través de una vida os probé y aplicad esa piedad, a vuestros semejantes, entre los que existen millares, que sí son dignos de toda compasión y toda piedad; unos, porque sufren intensamente; otros, porque se han hundido en el cieno del vicio; otros, porque no conocen la luz de la verdad y otros porque viven huérfanos de amor o porque tienen hambre y sed de justicia y de paz.

Por todos ellos sí sentid piedad y caridad; por ellos llorad y rogad; pero sobre todo, haced algo que alivie su dolor o mejore su vida. Entonces sí, estaréis entendiendo mi Doctrina, comprendiendo mi sacrificio e interpretando mi voluntad.

Si la humanidad estuviera unida en la verdadera oración y confiara en ella, bastarían unos momentos cada día de meditación, para detener la maldad y el dolor manifestado en tantas y diversas formas.

No sólo oréis cuando os encontréis atravesando por alguna prueba dolorosa, orad también cuando estéis en paz, porque será entonces cuando vuestro corazón y pensamiento puedan ocuparse de los demás. Tampoco pidáis solamente por los que os han hecho bien o por aquellos que no os hayan causado ningún daño, pues ello, siendo meritorio, no lo es tanto como si veláis por los que en alguna forma os hubiesen causado perjuicios.

Sabed orar, no sólo en vuestras horas de congoja, sino también en vuestros momentos de alegría. A Mí sólo me ofrecéis lágrimas, penas y tristezas; pero en vuestras alegrías me olvidáis, cuando vuestro corazón esta de fiesta, entonces me cerráis sus puertas.

Cuándo contempláis las maravillas de la Naturaleza y os dais cuenta de que habéis sido objetos del amor y de la caridad divina, ¿no ha brotado de vuestro corazón una acción de gracias? ¿Qué mayor prueba de agradecimiento podéis darme en ese instante, que vuestra admiración, vuestra humildad y vuestra confesión de mi grandeza? No ha sido entonces ni el dolor, ni la necesidad, ni el interés, los que han exaltado vuestro amor hacia Mí.

Cuando elevéis vuestra una oración de gratitud, acompañadla de obras que confirmen aquel sentimiento.

Esta es la forma a través de la cual podéis ofrecer a vuestro Padre un verdadero tributo de adoración, de amor, de conocimiento, de humildad, y de obediencia.

Limpiad vuestro pensamiento, elevadlo para que os unáis en este instante a los espíritus puros que habitan cerca de Mí. Elevad una oración inspirada en el amor a Dios, en vuestro propio dolor o en el arrepentimiento por las faltas cometidas, también en acción de gracias por los bienes recibidos, eso acercará vuestro espíritu al Padre.

Si así lo hacéis humanidad, Yo Haré que este mundo se levante limpio de su lepra, también haré surgir vida de la muerte; lograré que del odio broten frutos de reconciliación y que de la locura surja la razón.