El lenguaje de la oración para hablar íntimamente con Dios

Cuántas veces he sorprendido a los hombres preguntándose a sí mismos sino habrá alguna forma de comunicarse con Dios y muchas veces, suspirando han exclamado: ¡Ah, si pudiese hacerle una consulta al Señor y recibir la respuesta! Mas luego, creyendo que eso es imposible, se resignan y continúan buscando mi misericordia a través de cultos externos y ofrendas materiales, aunque allá muy dentro de su ser no alcanzan a concebir cómo un Padre que siempre ha dicho amar tanto a sus criaturas, no se digne responderles cuando ellas le invocan y le llaman.

¡Ah pequeños seres consagrados a la vida terrenal, si supieseis que esa necesidad de comunicaros conmigo es sed que llevo en mi Espíritu! Si supieseis que no sólo os está concedida esa comunicación que anheláis, sino que todas mis enseñanzas reveladas a vosotros a lo largo de los tiempos, llevan la finalidad de conduciros a la comunicación de espíritu a Espíritu. Pero como vivís materializados, habéis querido escuchar mi voz, respondiendo a aquellas palabras que pronuncian vuestros labios y eso no puede ni debe ser, porque entonces dejaría de ser una comunicación espiritual, en la que vuestro Señor se rebajaría a la altura de vuestro materialismo.

¡Ah si todos supiesen interrogarme! si todos orasen espiritualmente; si todos se interesasen por conocer la verdad! De cierto os digo que obtendrían lo deseado, porque nadie ha buscado que no haya encontrado; nadie ha llamado a mi puerta que no le haya sido abierta.

Orad directamente hacia Mí, sin necesidad de intermediarios, ni palabras, símbolos, ritos o imágenes, ese será el principio de la comunicación de espíritu a Espíritu, puesto que vuestro ser interior y superior ha sido quien se ha elevado en busca mía.

Sólo os pido una corta oración espiritual en cada día, pero en esos instantes que me dediquéis, debéis despojaros de todas las pequeñeces y miserias humanas, para que verdaderamente lleguéis a estar ante mi presencia y gocéis de mi caricia y de mi paz.

Orad, pero que vuestra oración esté formada con vuestras sanas intenciones y obras del día, esa será vuestra mejor oración; mas si queréis dirigirme un pensamiento, formulando con él una petición, decidme entonces: "Padre, hágase en mí tu voluntad". En ella estaréis pidiendo aún más de lo que podríais entender y esperar, y esa sencilla frase, ese pensamiento, simplificará aquel "Padre nuestro", conque me pedisteis en otro tiempo.

Ahí tenéis la oración que todo lo pide y que mejor hablará por vosotros, Mas no la digan vuestros labios, sino que la sienta vuestro corazón, porque decir no es sentir y si lo sentís, no necesitáis decírmelo. Yo sé escuchar la voz del espíritu y entiendo su lenguaje.
Yo os escucho en el silencio, no necesito que tengáis que mover vuestros labios. No soy el pecador que está escuchando a otro pecador. Estoy en Espíritu, y es a vuestro espíritu al que estoy escuchando, y es él quien debe de elevarse y comunicarse Conmigo.

¿Cómo podrá equivocarse el hombre, cuando antes de hacer su voluntad interrogue a su Padre a través de la oración? El hombre que sabe orar, vive en contacto con Dios, sabe el valor de los beneficios que de su Padre recibe y a la vez comprende el sentido o la finalidad de las pruebas por las que atraviesa.

Hay ocasiones en que lográis inspiraros y elevar el pensamiento, y hay otras en que estáis completamente indiferentes. ¿Cómo queréis recibir siempre en la misma forma mis mensajes? Debéis educar vuestra mente y aun a vuestro cuerpo a colaborar con el espíritu en los momentos de la oración.

Por todo lo que os digo, comprended cuánto podéis hacer con el espíritu en medio del caos que ha envuelto a esta humanidad. Estáis en un mundo de pensamientos e ideas encontradas, donde las pasiones palpitan por el materialismo y los espíritus navegan entre tinieblas.

Si sabéis comprender mi Doctrina, ella os ofrecerá muchas satisfacciones y oportunidades de poderos elevar. Aprended a orar antes de tomar cualquier determinación, porque la oración es la forma perfecta de saber pedir a vuestro Padre, ya que con ella, estaréis demandando luz y fortaleza para salir adelante en la lucha. Diaria.

En los momentos de dificultad, cuando os sintáis tristes y abatidos, elevaos en oración para que recibáis de vuestro Padre su caridad.

Orad, ese es el idioma del espíritu, pero aprended ese lenguaje para que, a la vez que me habléis, sepáis escucharme. Habladme con respeto y humildad, pero con la confianza que se le tiene a un padre, con la intimidad con que se le habla a un amigo.

El hombre que ora ante Dios, es un hombre espiritualizado que no lleva venda de oscuridad ante sus ojos, apto para descubrir dentro y fuera de él, mundos desconocidos, aspectos ignorados de la vida, luces y verdades que rodean la vida de los hombres sin que éstos las perciban.

No importa que no tengáis palabras o ideas para formar una oración; a Mí me basta con que elevéis vuestro pensamiento hacia el infinito, porque sabré interpretar el lenguaje de vuestro corazón.

El espíritu elevado, sabe que la palabra humana empobrece la expresión del pensamiento espiritual, por eso hace enmudecer los labios de la materia para elevarse y decir con el
lenguaje que sólo Dios conoce, el secreto que lleve oculto en lo más íntimo de su ser.

El lenguaje del espíritu está más allá de vuestro idioma y de vuestro pensamiento. ¿Cómo va a poder expresar la materia lo que siente el espíritu? Siempre tendrán que ser pobres esas expresiones e imperfectas esas manifestaciones de oración. Siempre hablará mejor al Padre una lágrima que se desprenda de vuestros ojos y que muchas veces nadie ve, un sollozo que se ahogue en vuestro pecho, un dolor que me ofrezcáis en silencio y que apuréis con paciencia, o vuestras obras buenas que hacia Mí elevarán su esencia, como de las flores se desprende su fragancia.

No son las palabras con que vuestra mente trate de formar la oración, sino el amor, la fe, o la necesidad con la que os presentéis ante Mí, por eso os digo que habrá casos en que vuestra oración sea de un segundo, porque no habrá tiempo a formular pensamientos, frases e ideas, como acostumbráis.

Yo estoy enteramente dispuesto a hablaros, siempre en espera de vuestra elevación y preparación espiritual, para complaceros y daros la dicha de comunicarme con vuestro espíritu. Sólo falta que vosotros también os dispongáis con la mayor pureza a lograr esa gracia.

En la oración hallaréis consuelo, inspiración y fuerza, ella os dará la dulce satisfacción de poder hablar íntimamente con Dios, sin testigos ni mediadores; Dios y vuestro espíritu, reunidos en ese dulce momento de confidencias, de comunicación espiritual y de bendiciones.

El tiempo en que debéis orar ha llegado. Hoy no vengo a deciros que os postréis en tierra, no vengo a enseñaros a que oréis con vuestros labios o que me claméis con palabras floridas en hermosas oraciones; hoy vengo a deciros: Buscadme con el pensamiento, elevad vuestro espíritu y descenderé siempre para haceros sentir mi presencia. Si no sabéis hablar con vuestro Dios, me bastará el arrepentimiento, vuestro dolor, vuestro amor. ¿De qué os servirá decirme muy bellas palabras si no sois capaces de sentir mi presencia en vuestro interior?

Practicad el silencio que favorece al espíritu para que pueda encontrar a su Dios, ese silencio es como una fuente de conocimientos y todos los que en él penetran se llenan de la claridad de mi sabiduría. El silencio es como un lugar cerrado con murallas indestructibles, al que sólo tiene acceso el espíritu. El hombre lleva constantemente en su interior, el conocimiento del lugar secreto en el que puede comunicarse con Dios.

Sabed que Yo no me concreto a sentir vuestras aflicciones, sino que vengo a remediarlas; pero además de saber esto, es necesario que tengáis amor y fe en mi Ley, que sepáis pedir y orar y que tengáis paciencia en las pruebas.

Hoy mi caridad es en vosotros. Vengo a escuchar vuestras peticiones, hasta la más débil de vuestras quejas; quiero que aprendáis a conversar con vuestro Padre. Mas no penséis que sólo a vosotros he venido; no, Yo he descendido sobre todos mis hijos, porque el clamor de esta humanidad llegó hasta la altura de los cielos, como un grito angustioso, como una imploración de luz.

Yo os he enseñado a orar, y en esa oración hemos conversado. Me habéis llamado en vuestros sufrimientos y en vuestras horas de paz; también cuando habéis pecado, habéis buscado mi presencia para llorar conmigo vuestras faltas y tranquilizar así a vuestro espíritu.

Yo todo lo sé y no tenéis que explicarme nada, para que Yo os pueda comprender.

Este es el lenguaje que Yo escucho, el que Yo entiendo, el lenguaje sin palabras, el de la verdad y la sinceridad.

Bienaventurados los que ponen su esperanza y su fe en mí. Sentidme cerca de vosotros y decidme con el corazón vuestras penas, no temáis, nadie como Yo sabe entender vuestra balbuciente oración. Mostradme vuestra herida, señaladme vuestra dolencia y ahí depositaré mi bálsamo de amor y caridad.

Pedidme con humildad, mas nunca pidáis milagros ni esperéis recibirlos.

Ya no es el tiempo de penitencias, ni de ceremonias o ritos para poderos comunicar conmigo, para poder creer que me estáis glorificando y agradando. Ese tiempo debéis de dejarlo muy atrás.

Así quiero que oréis, así quiero que lleguéis siempre a recibirme. No demostréis vuestro amor con manifestaciones externas, que sólo os sirvan para que en ellas os vean. Buscadme en silencio, estad a solas con vuestro Señor, y lograréis tener mi presencia en vuestro corazón.