¿Qué es la reencarnación del espíritu y cómo opera?

La humanidad de este tiempo ha creado leyendas sobre la reencarnación del espíritu y hasta las tribus más remotas, presienten el misterio de la reencarnación.

La intuición de ello la conservan todos los hombres; en todos los pueblos de la Tierra presienten el misterio que encierra el pasado, presente y futuro de cada espíritu. Para unos es teoría, para otros es posibilidad, para otros fantasía, otros lo niegan rotundamente. Sin embargo, los encuentro pensativos en torno a esta verdad.

Hoy palpita como nunca entre la humanidad este presentimiento y la certeza de estas manifestaciones, aunque no todos se atreven a confesarlo, por temor al mundo.

¿Quiénes son? ¿Qué son? ¿Quién créen ser? ¿Qué sienten ser? ¿Acaso la materia que desciende al sepulcro o el espíritu que se eleva hacia la eternidad, hacia el infinito?

La materia es sólo la vestidura temporal del espíritu, la que cambia cuantas veces le es necesario para sus experiencias, su evolución o expiación.

La existencia de un hombre en la Tierra es sólo un instante en la eternidad, un soplo de vida que alienta por un tiempo al ser humano y luego se aparta para después volver a alentar a un nuevo cuerpo.

Largo es el desarrollo de las potencias del espíritu, tanto que una sola materia, ni una sola existencia en la Tierra le es suficiente.

En verdad os digo, que son como los arroyos que a veces desvían su cauce, pero que al fin van a desembocar al mar, que es su meta.

Extenso es el camino por el cual llegarán a la plenitud de la luz. Ningún ser tiene un camino más largo que el del espíritu en el cual el Padre, el Divino Escultor modela y pule a vuestro espíritu, y le da la forma perfecta.

Una sola existencia en la Tierra, por ser tan breve comparada con la vida espiritual, no puede ser decisiva sobre la eternidad de un espíritu, o sea que ni será suficiente para que uno de vosotros alcance dentro de ella la perfección, que os lleve directamente al Reino de la más alta espiritualidad que es a lo que llaman Cielo, como tampoco los errores de una vida en la Tierra podrán determinar que un espíritu se pierda en las tinieblas o en el dolor por una eternidad.

Esta revelación, estremecerá al mundo, hará revolución entre los hombres y con ello alcanzarán la explicación de muchos misterios y la fortaleza para su espíritu, porque es Ley de amor y en ella está mi luz.

Nunca nieguen por el solo hecho de que no entiendan. Pensad que si sólo fuese verdad lo que vuestra pobre mente comprende, no existiría nada.

Sabios y teólogos tendrán que rectificar sus conocimientos ante la verdad que estoy revelándoos.

Yo hablo la verdad, enseño el camino, revelo la reencarnación que es ley para que se perfeccione el espíritu y llegue a la meta de su destino. ¿Lo dudan? De cierto os digo que la verdad en nada se altera con vuestras dudas; ella sigue siendo la misma.

En todos los tiempos, aun en los más remotos de la historia de la humanidad, han tenido ejemplos de hombres de espíritu elevado. ¿Cómo pueden explicarse que desde los primeros tiempos ya hubiera hombres de espíritu evolucionado, si antes no hubieran pasado por reencarnaciones sucesivas que les ayudaron a elevarse?

Ahora el mundo sabrá la verdad sobre la resurrección de la carne, que es la reencarnación del espíritu.

Reencarnar: Volver al mundo material para nacer de nuevo en cuanto hombre; surgir el espíritu en un cuerpo humano para continuar una misión, Esa es la verdad sobre la resurrección de la carne, de que os han hablado, dándoles tan torcidas como absurdas interpretaciones.

La reencarnación es un don que Dios ha concedido a vuestro espíritu para que no se limite nunca a la pequeñez de la materia, a su efímera existencia en la Tierra, a sus naturales debilidades; si no que, procediendo el espíritu de una naturaleza superior, pueda tomar cuantas materias le sean necesarias para el desempeño de sus grandes misiones en el mundo.

La reencarnación es la oportunidad que Dios, en su amorosa justicia, ofrece al espíritu, para que recobre su pureza y retorne al verdadero camino. Esa es la forma en que puede aprovechar la experiencia recogida en su peregrinaje.

El misterio de la resurrección de la carne, lo ha esclarecido la revelación de la reencarnación del espíritu. Deben saber que la finalidad de esta Ley de amor y de justicia, es la de que el espíritu se perfeccione, de que no se pierda jamás, porque siempre encontrará una puerta abierta como oportunidad que le da el Padre para su salvación.
He aquí la resurrección de la carne, mas no en la forma en que fue concebida por la humanidad. La carne, al quedar inerte, va a las entrañas de la tierra mientras el espíritu parte al más allá en espera de que mi justicia le envíe a encarnar en un nuevo cuerpo; en esta forma espíritu y materia vuelven a unirse en este mundo, mas no en el valle espiritual.

La carne es de este mundo y en él queda, mientras el espíriru se levanta libre y vuelve a la vida de donde brotó. "Lo que es nacido de la carme, carne es; lo que es nacido de mi Espíritu, espíritu es". La resurrección de la carne es la reencarnación del espíritu y si unos creen que esa es una teoría humana y otros piensan que es una nueva revelación, de cierto os digo que este conocimiento, lo dí al mundo desde el principio de la humanidad; prueba de ello pueden encontrarla, en el texto de las Escrituras que son un testimonio de mis obras.

¿Cómo han podido creer que en el día del juicio resuciten los cuerpos de los muertos y se unan a sus espíritus para penetrar en el Reino de Dios? ¿Cómo pueden interpretar así lo que en otros tiempos se os enseñó?

Mas en este tiempo ha llegado esta revelación a vuestro espíritu en un grado mayor de evolución y en breve será comprendida como una de las leyes más justas y amorosas del Creador.

Por lo tanto, nadie se rebele ante la idea de tener que volver a este planeta en otro cuerpo, ni piensen que la reencarnación es un castigo para el espíritu.

No basta a vuestro espíritu una sola materia en su existencia eterna como tampoco es suficiente para vuestro cuerpo un solo vestido durante su vida en este mundo. Por ello la reencarnación del espíritu es necesaria para su evolución. En cada etapa conocen la riqueza y la pobreza, la salud y todas las enfermedades que afligen a la humanidad; conocen el egoísmo, la soberbia, la inquietud y falta de caridad y también el perdón y el amor, la nobleza y la generosidad.

Hoy están cubiertos aún con el velo de la ignorancia, de materialismo y de fanatismo religioso, lleno de falsos temores y prejuicios, por lo que cuando llega una prueba a vuestra vida y no le encuentran alguna causa clara, claman, diciendo: Pero, ¿Qué he hecho yo para que así se me castigue? Sin saber que a veces mi justicia tarde siglos y hasta eras para llegar a un espíritu. Mi justicia siempre llega y aunque en apariencia llegue tarde o fuera de tiempo, lo cierto es que se manifiesta siempre en forma sabia, perfecta e inexorable.

Él espíritu siempre trae un mensaje o una restitución. A veces viene a recoger una siembra y en otras a saldar una deuda; pero siempre viene a recibir en esta vida, una lección de amor que le da su Padre.

No crean que las consecuencias de una desobediencia, se palpan inmediatamente; no, lo que sí os digo es que tarde o temprano tendrán que responder de vuestras obras; a veces llegará a parecerles que ya vuestra falta no tuvo consecuencias en vista de que el tiempo pasa y mi justicia no da señal alguna, pero deben saber que como juez soy inexorable y que, llegado vuestro juicio, abrirán vuestros ojos ante la luz de la conciencia.

¿Acaso saben si ésta sea su última encarnación en la Tierra? ¿Quién podría deciros que en ese cuerpo que hoy tienen, están saldando todas sus deudas contraídas con mi justicia? Por eso os digo: aprovechad el tiempo, pero no vayan deprisa. Si con fe Y conformidad aceptan sus sufrimientos y con paciencia apuran su cáliz de amargura, en verdad os digo: vuestros méritos no serán estériles.

Por eso vengo para ayudaros a reparar vuestros errores, a revelaros el secreto de reponer en un día, un año perdido y en un año un siglo mal empleado, y así capacitarlos para conquistar la eternidad.

Si saben valorizar las lecciones que la vida os da, alcanzarán la evolución de vuestro espíritu y comprenderán la finalidad de la lucha que los va forjando, el dolor que los pulimenta, el trabajo que ennoblece, el saber que ilumina y el amor que eleva.

El que practique mi Ley, puede dejar de venir a reencarnar en este planeta; mas aquél que en su última reencarnación deje huella de sangre o de maldad, ése tiene que tornar a esta Tierra a reparar errores, a reconstruir lo destruido, a dar vida a lo que dejó inerte, a perdonar a los que no perdonó. En una palabra: a restituir.

Aquí tienen el último tiempo para reparar sus faltas, ya que están sujetos a la ley de evolución.

Evolución: palabra que estará en los labios de la humanidad cuando se ocupe de su espíritu, porque significa progreso, elevación, transformación y perfeccionamiento.

Yo soy quien envía a los espíritus a encarnar de acuerdo con la ley de evolución, y en verdad os digo, que no serán las influencias de este mundo las que hagan variar mis planes divinos, porque por sobre todas las ambiciones de poder se hará mi voluntad.

Ustedes engendran hijos de su carne, mas Yo soy quién distribuye los espíritus en las familias, en los pueblos, en las naciones, en los mundos, y en esa justicia impenetrable para los hombres, se manifiesta mi amor.

Las ciencias, las religiones y los teólogos no podrán descubrir en este tiempo cómo obra mi justicia. Cada corazón humano es una prueba viviente de mi justicia y de mi sabiduría.
A veces en el corazón de un miserable se oculta el espíritu del que en otro tiempo llevó corona sobre su cabeza, o en un presidiario se esconde el que en otra vida privó de su libertad a un pueblo.

A veces le corresponde habitar en un ser cuyo corazón encierra gran rebeldía y entonces le parece difícil manifestar su luz. Ese corazón será su crisol y su prueba en la vida y si logra someterle y persuadirle de que sólo estando en armonía materia y espíritu puede el hombre encontrar la paz, entonces habrá triunfado de su prueba y podrá aspirar a un mundo más elevado.

Esa es mi justicia, que siempre os da la oportunidad de reparar la falta o de rectificar el error.

Mi juicio en cada espíritu, por medio de esta ley, es perfecto e inexorable.

Sólo Yo sé juzgarlos, porque cada destino es incomprensible para los hombres. Así, nadie es descubierto ni delatado ante los demás.

El tiempo de la restitución y de la purificación tenía que llegar aunque para ello tuvieran que pasar siglos sobre el mundo y vuestro espíritu tuviese que aguardar esa hora. Y ese tiempo ha llegado, es éste, comprendedlo, vividlo y aprovechadlo.

No es la primera vez que vuestro espíritu viene a habitar en este mundo, ha mucho tiempo que a través de distintas materias, Yo le he permitido que reencarnara para que así se dignifique ante mi Ley.