A los seres que ya dejaron este mundo.

Mi Palabra os habla sobre la vida espiritual, y es porque ya habéis llegado en vuestra evolución a aquel capítulo del Libro de la Vida, que muestra al espíritu los misterios no revelados.

Donde creéis que todo es misterio e insondable arcano, está la luz. Donde pensabas que estaba la nada, está el todo y donde percibís el silencio, está el concierto divino.

Aquí encontraréis respuesta a tantas preguntas que cuando estabas en materia os hacíais.

Ved que estando libres ya del cuerpo que os sirvió de apoyo en el mundo, vuestra comprensión es mayor sobre la vida espiritual. Ahí es precisamente donde el espíritu abre los ojos a una vida superior, mientras los ojos que os sirvieron para ver este mundo material se han cerrado para siempre, vuestra vista espiritual se ha abierto, para contemplar la verdadera vida.

Venís buscando la luz y Yo os la entrego, porque todo el que me busca me encuentra; todo el que espera de Mí, recibe.

Nadie puede huir de mi presencia, no existe morada o sitio alguno donde podáis ocultaros de Mí, porque doquiera que vayáis, estoy con vosotros.

Sé que muchos al estar en ese estado espiritual y escuchar la voz de la conciencia, que os reclama los errores cometidos cuando estuvisteis en el mundo material, os hace estar tristes y arrepentidos.

Si os he cumplido mis promesas en el mundo material, os cumpliré también mis promesas ahora que os encontráis en la vida espiritual.

Recordad que dije, la muerte no existe para el espíritu, y vosotros tenéis vida eterna.

La muerte de vuestro cuerpo, no ha sido el fin de vuestro espíritu.

Mi amor de Padre, no puede ser solamente para quienes aun tiene cuerpo, no, mi amor no es limitado, por lo que os digo que no debéis sentiros solos abandonados o incomprendidos, ya que vosotros en el estado en que os encontráis podéis dar testimonio de la verdadera vida espiritual, lo que muchos seres humanos, aun no han entendido, ya que para ellos solo existe la vida que solo viven y palpan a través de sus sentidos materiales.

Cristo, os vino a enseñar el camino, diciéndoos "Amaos los unos a los otros"; mas la humanidad no ha comprendido hasta ahora el alcance de ese sublime mandamiento. En verdad os digo, que toda la vida de los seres se transformaría si vivieran esa máxima, porque sólo el amor será el que pueda revelaros el arcano, ya que en él está el origen de vuestra vida.

Quiero verlos fuertes, sentirlos cerca de Mí, que los lazos que existen entre vosotros y el Padre, sean más siempre más estrechos para que las cadenas que atan a vuestro corazón a la Tierra se rompan y vuestro espíritu se liberte.

No quiero que os perdáis, es injusto que tengáis ese concepto de Mí, que penséis que haya creado seres que irremisiblemente tengan que perderse, comprended que vuestro destino es otro, es el de vivir eternamente y no unos cuantos, porque todos sois mis hijos.

Unos llegarán primero y otros más tarde, pero todos llegarán. No podía ser de otra manera, porque sois chispa de mi luz divina, y parte de Mí mismo.

Es necesario que comprendáis que he venido a romper las cadenas que os han convertido en esclavos del dolor, a liberaros de sufrimientos que vosotros mismos os habéis forjado.

¡Cuánto os amo y no quiero el dolor para vosotros!

Vuestro viaje en el mundo material, ha terminado, hoy os invito a iniciar un nuevo viaje espiritual, donde contemplaréis la verdadera vida y os sentiréis amados por vuestro Padre y Creador.

Ciertamente la muerte de vuestro cuerpo, fue como un breve sueño, pero ahora que ya has despertado, os invito a trabajar, mirad que el sol de mi palabra os da calor y aliento para proseguir la jornada en vuestro camino de evolución.

No lloréis por el cuerpo que has dejado en el mundo, él ya cumplió su tránsito en la Tierra, ahora vosotros como espíritus, cumplid con la vida espiritual.

El hecho de haber dejado el cuerpo que os sirvió de envoltura, solo fue un instante de transición en la ruta que conduce a la perfección. Si aún no lo habéis comprendido así, es porque todavía os sentís estrechamente ligados a todo el materialismo, y las bajas pasiones que os ofreció el mundo material. Os preocupa abandonar esta morada porque creéis ser dueños de lo que en ella poseéis, y aún hay quienes conservan un vago presentimiento de mi justicia divina y temen penetrar en el valle espiritual.

Recordad que os dije en el Segundo Tiempo a través de Jesucristo que no temieras a la muerte, porque ésta no existe; en mi creación todo vive, crece y se perfecciona. La muerte corporal es sólo el fin de una etapa por la que atraviesa vuestro espíritu, para volver a su estado original de pureza y después seguir en su camino de evolución.
Sólo a vuestra materia le corresponde desintegrarse y transformarse pero vuestro espíritu que estuvo en aquel cuerpo que habéis dejado en el mundo, vive y es a quien dirijo mis palabras porque él es mi verdadero hijo, y por quien dí mi sangre en la cruz

La muerte de vuestro cuerpo, es sólo un símbolo, pero para aquellos que aún no alcanzan el conocimiento de la vida verdadera; la muerte sigue siendo un espectro tras el cual está el misterio o la nada; pero vosotros que ya estáis en la escala que os corresponde de la vida espiritual sabéis que la vida no es misterio, sino toda claridad.

¿Creíais que la vida se concretaba a vuestra existencia en la Tierra?

Aquella muerte espiritual era en vosotros, porque se habían extinguido la fe y la esperanza en vuestro espíritu, porque carecíais de la luz del conocimiento de la vida verdadera.

La humanidad en su materialismo y prejuicios os ha olvidado y os considera indignos de mi amor, pero cuando os dí mi sangre no fue solo por aquellos que tienen cuerpo, sino por todos los espíritus por lo tanto vosotros sois parte mía.

Para muchos de vuestros hermanos, vuestras manifestaciones y presencia son antinaturales, pero para Mí, es lo más lícito y natural.

Bien está que los ojos materiales de vuestros hermanos no os vean, pero mi Espíritu si os contempla.

Existen quienes tratan de alejaros de su vida sin comprender que vosotros existís aunque sin el cuerpo material que os sirvió para vivir en este mundo, es que los hombres han perdido la semilla de amor que, sin saberlo, llevan en lo más puro de su corazón, tan dentro que ellos mismos no alcanzan a descubrir.

Si alguno de mis hijos se cree indigno o se siente incapaz de abrir las puertas de mi amor, en verdad os digo que todos son dignos de mi amor. Todos poseéis la llave para abrir esa puerta.

Espíritus que dejasteis vuestro cuerpo en la tierra, iluminaos. Os he recibido. Confiad en Mí y seréis conducidos a la verdadera vida. No habéis muerto, porque el espíritu posee vida eterna. Yo os invito a la verdadera paz y a la justicia. Porque Yo soy la vida y vengo a ofreceros el pan de vida eterna; pero os contemplo hambrientos, y es que no habéis comprendido que la esencia está en el fondo de mi palabra; si la miráis superficialmente, no podréis alimentaros. En ella se encierra mi amor, esa esencia divina que es vida, alegría y paz para el espíritu.

En verdad os digo que la muerte no existe, porque Dios, como el Padre Creador es la vida y sus obras no pueden morir.

Si soy vuestro Padre, pensad que necesariamente tengo que sentir lo que los hijos sientan, sólo así comprenderéis que mientras cada uno de vosotros sufre y siente su propio dolor, el Espíritu Divino sufre con de todas sus criaturas.

Os amo, y si un paso os alejáis de Mí, ese mismo doy Yo para acercarme a vosotros. Si me cerráis las puertas de vuestro templo, Yo llamaré a ellas hasta que abráis para penetrar en él.

Si os busco y sigo con tanto afán, si os hablo y me inclino hasta donde estáis, es porque os amo y no quiero que se pierdan en el infinito, que se queden sin la luz espiritual, que me busquen y no me encuentren, que estando muy cerca de vosotros me sientan muy lejos, y no me escuchen ni me contemplen.

Ni uno solo de vuestros sollozos deja de escucharse en el Cielo, ninguna oración deja de hallar eco en Mí, ninguna de vuestras aflicciones o trances difíciles pasan desapercibidos para mi amor de Padre. Todo lo sé, lo escucho, lo veo y en todo estoy.

Dadme las tinieblas de vuestros sufrimientos, Yo las convertiré en luz y paz; dadme vuestros sollozos y lágrimas.

Entregadme vuestras penas, dadme vuestras tristezas y no os acordéis más de ellas.

¿Os extraña que vuestro Señor se interese tanto por vosotros que aún sois imperfectos? Es que no tenéis verdadero conocimiento de lo que es mi amor por vosotros, o de lo que significáis para Mí, porque os habéis formado un concepto muy pobre, respecto de vuestro Padre, me pertenecéis; os amo y por eso he llegado en busca vuestra.

Vengo cual Padre cariñoso a daros mi perdón mi luz y protección porque aún sois débiles.

No estoy dispuesto a perder a ninguno de mis hijos. Sois parte de mi Espíritu, sois algo de mi ser. ¿Está mal el que os busque con tanto afán y tanto amor?

Yo no puedo abandonar a ninguno de mis hijos, os he traído la vida, no la muerte.

Ved que soy amor infinito, sublime y santo, que a todos amo, mas os digo: Amad y perdonad, como el Padre os ama y os perdona, y os seguirá amando en todos los tiempos.

Entre Dios y sus criaturas, existen lazos que nunca podrán romperse.


Este consuelo, esta piedad, esta comprensión, en una palabra, este amor que hoy derramo en vosotros, es lo que no os dio el mundo. Cuando estáis tristes, tiernamente recojo vuestras lágrimas, cuando os tortura una pena, me acerco para aliviarla. Tengo la misión de redimir hasta el último de mis hijos.

Vengo a hablaros con amor para que me reconozcáis por ese amor.

Si vuestros hermanos en su materialización os olvidan y desconocen, vosotros recordarles y orad por ellos que son los verdaderos muertos. Si el mundo en su ignorancia os ha olvidado, Yo en mi amor os recuerdo.