¿Cómo debemos fortalecer nuestra fe en el momento?

Ya pronto sabrá el hombre a qué viene el que nace para este mundo, cuál es el sentido, la misión y finalidad de esta vida y sabrá explicarse lo que ha llamado " Muerte ". Esta humanidad dejará las teorías y los culto externos para vivir la verdad, y entonces consagrará su existencia al bien, y cuando llegue la hora de dejar este mundo, no llamarán muerte al hecho de cerrar para siempre los ojos del cuerpo, sabiendo que ése es el instante en que el espíritu entra a una vida superior.

Meditando en todo esto, ¿No pensáis en vuestra partida? ¿No os dais cuenta de que cada día que pasa, es una oportunidad para que vuestro espíritu alcance una morada de mayor elevación? Oíd y entended, porque ahí, donde muchos miran la muerte, está la vida; donde creen que está la tiniebla, está la luz; donde ven la nada, está el todo y donde ven el fin, está la eternidad. Cuántos hombres, en su inconciencia, se semejan a los niños que, entregados a sus juegos infantiles, no les preocupa el futuro.

Solamente cuando la muerte del cuerpo les sorprende, es cuando piensan no tan solo en el futuro, sino en el pasado y es cuando su mente se llena de temor, porque inexorablemente, tendrá que penetrar en el más allá. El temor a lo desconocido, turba su imaginación

Recordad que no es en el tribunal creado por la imaginación humana donde me veréis en aquella hora de juicio; será en mundos desconocidos donde penetren los espíritus para encontrar una luz más pura y brillante. Los que no buscaron mi verdad llegarán a lugares de expiación en donde restituirán a su espíritu su pureza para después seguir adelante y llegar a Mí, porque ninguno se perderá.

¿A qué teméis después de haber dejado vuestro cuerpo en este mundo, al infierno, al castigo o a mi juicio? ¿Por ventura mi juicio no proviene del amor que os tengo?

¡Cuán decisiva será en ese instante la luz de la conciencia! porque nadie podrá callar la voz de ese juez que vive unido indisolublemente a vuestro espíritu. Analizaréis todos los actos de vuestra vida y ninguno se sentirá juzgado con exceso de rigor o sobra de benevolencia. Ahí será donde esa luz que puse en vuestro espíritu, desde el principio para que iluminara el camino del espíritu, brillará intensamente.

Comprended entonces, que cuando el hombre llegue a guiarse por la voz de la conciencia y sujete todos sus actos a su mandato superior, será como si naciera dentro de él un hombre nuevo, aquél para quien no exista la muerte porque a la materia tan sólo la considerará como la envoltura necesaria para su espíritu, y cuando éste deba ir a habitar a su verdadera morada, el cuerpo, tendrá que descender al seno de la tierra para fundirse con ella.

Vuestro espíritu posee la vida eterna que le fue transmitida por el Espíritu Divino, y lo único que en él morirá será su cuerpo, el cual dejará para poder elevarse. También verá morir al
pecado, si es que lo lleva consigo y las tinieblas de la ignorancia caerán de él como fruto sin vida; mas el espíritu, después de cada una de esas muertes que experimentará en sí, sin morir el espíritu, se levantará más fuerte, más consciente, más luminoso y puro.

Surgirá entonces el verdadero temor, no el temor al castigo divino, sino la pena de llegar a mancharse con el pecado, la de ofender al Creador, la de retornar al Padre en el más allá con el espíritu manchado, sin haber conseguido dar un paso hacia adelante en el sendero de la espiritualidad y del verdadero saber.

Cuando vuestros cuerpos bajaren a la tierra, en cuyo seno se confundirán para fecundarla, porque aun después de muertos seguirán siendo savia y vida; vuestra conciencia que está en vuestro ser espiritual no quedará en la Tierra, sino que vendrá con el espíritu para mostrarse ante él como un libro cuyas lecciones profundas y sabias serán estudiadas por el espíritu. Ahí se abrirán vuestros ojos espirituales a la verdad y en un instante sabréis interpretar lo que en toda una vida, no lograsteis comprender; ahí sabréis lo que significa ser hijos de Dios y hermanos de vuestros semejantes; ahí comprenderéis el valor de todo lo que hayáis poseído, experimentaréis el pesar y el arrepenti¬miento por los errores cometidos, por el tiempo perdido, y nacerán de vosotros los más bellos propósitos de enmienda y de reparación.

No debilitéis en la fe, tened siempre presente que el fin de esta jornada llegará; no olvidéis que en Mí habéis tenido vuestro principio y que el fin lo tendréis también en Mí, y ese fin es la eternidad porque no existe la muerte del espíritu.

Yo, vuestro Maestro, os comprendo; conozco vuestro corazón y os digo: Conversad conmigo, mirad cómo os envuelve mi amor. Esperad tranquilamente la hora del llamado, no os inquietéis, ahí os espera la vida verdadera, la juventud eterna.

Vosotros no os perderéis, porque entonces Yo dejaría de ser Dios vuestro Padre, y todo lo que brotó de Mí, ha de volver a Mí.

En los hombres del mañana habrá tanta espiritualidad y comprensión de la evolución que debe alcanzar su espíritu, que cuando penetren en la agonía y se hallen a un paso de la muerte, consideren ellos y quienes les acompañen en aquel momento como el más hermoso de toda su existencia, aquel que debe ser como la culminación de una vida fecunda y provechosa y puedan decir como su Maestro en la cruz: "Todo está consumado"