Todos tenemos nuestro tiempo de partir de este mundo

Hay quienes piensan: ¿Y si el hombre siempre fuese sano, como moriría? A lo cual os respondo, que no es necesario que vuestro cuerpo esté enfermo para que deje de vivir; basta que el corazón se detenga cuando la hora marcada por Mi, haya sonado, para que ese cuerpo deje ser.

Yo sólo os digo: el sol no sale ni se oculta un instante antes o después del marcado por el Creador. Todo se rige por una ley infalible. Por lo tanto, vosotros no moraréis en la Tierra un segundo más de los marcados en vuestro destino. He aquí por qué mi palabra está sonando para vosotros como el reloj de la eternidad que os aconseja que aprovechéis el tiempo.

Tened piedad de vosotros. Ninguno sabe cuándo llegará el momento en que su espíritu se aparte de la materia. Nadie sabe si al día siguiente sus ojos se abrirán a la luz. Todos sois del único dueño de todo lo creado y no sabéis cuando seréis recogidos.

Os digo esto, porque os contemplo indiferentes a mi enseñanza, en cambio, cuando sentís que la muerte se acerca, lloráis porque queréis cumplir y recuperar el tiempo perdido.

Cuántos espíritus, que vagan a vuestro alrededor, quisieran hacerse oír de los hombres, para decirles: "No perdáis vuestro tiempo como yo lo perdí.

No tratéis de rechazar a la muerte cuando por mi voluntad se acerque a vosotros, no busquéis al hombre de ciencia para que os haga el milagro según lo entendéis, de prolongar vuestra existencia en la Tierra, ya que vuestra hora esta marcada por Mí y nada ni nadie podrá intervenir en mis altos designios.

Cuando os veáis separados de los seres que fueron carne de vuestra carne y que ahora se encuentran en espíritu, no les olvidéis, comunicaos con ellos por medio de vuestra oración espiritual y ayudadles a trabajar para la elevación de su espíritu.

No lloréis por esos seres, no les faltéis al respeto intentando materializar su voz y su presencia; dejadles comunicarse con vosotros espiritualmente, recibid en vuestro corazón su mensaje y su sano consejo y luego dejadles ir en paz, sólo debéis sentir su presencia espiritual en vuestro corazón.

La muerte del cuerpo no os aleja de los seres que os han sido confiados ni os aparta de la responsabilidad espiritual que tenéis sobre de los que fueron vuestros padres, hermanos o hijos. Comprended que la muerte no existe para el amor, para el deber, para los sentimientos; en una palabra, para el espíritu.

No sintáis la necesidad de que ellos se manifiesten en alguna forma material en vuestra vida, porque negaríais la limpidez de la espiritualidad, por lo tanto, todo instante podrá ser propicio para aproximaros a ellos a través de vuestra oración y elevación espiritual, recordad que ellos al igual que vosotros tenéis vida eterna.

No mostréis impaciencia por volver a encontraros con vuestros seres queridos que ya habitan en el Más Allá. Esa impaciencia proviene de la ignorancia depositada en la mente y en el corazón humano que quisiera percibir la forma de esos seres, su faz y su actitud.

Esperad con verdadera virtud espiritual que llegue el momento feliz de ese encuentro y después seguiréis caminando unidos por la misma senda que ha de llevaros a todos a mi Reino.

Cuando queráis comunicaros con los seres que habitan el valle espiritual, no fijéis día, hora, ni lugar para evocarlos, hacedlo por el amor que os une a ellos a través de vuestra oración y elevación espiritual y pensad que ellos pertenecen a la vida espiritual, que habitan en el Más Allá y no se encuentran bajo la acción del tiempo.

Quiero que con vuestra oración espiritual llena de pensamientos puros y elevados alejada de ritos y tradiciones, sea el lenguaje con el que os comuniquéis con vuestros hermanos que moran en el valle espiritual y que en esa forma os comprendáis y en verdad vuestros méritos y vuestras buenas obras les sean provechosos. Como también la influencia de ellos, sus inspiraciones y su protección hacia vosotros, será una poderosa ayuda en vuestra jornada.

Sabed acompañar con vuestra oración espiritual al que se desprende de su cuerpo y se despide momentaneamente de vosotros; conducidlo con vuestra oración, hasta los umbrales del Más Allá.

A los seres que les concedo espiritualmente acercarse a vosotros en el instante de vuestra elevación y oración, no los recordéis ya bajo la forma humana que tuvieron, porque ahora solo son espíritus.