¿Si me arrepiento antes de morir, me salvaré?

El hombre quiere salvarse desconociendo su naturaleza espiritual y eso no puede ser. Mientras vive y se siente fuerte, procura olvidarse de toda idea que le hable de la vida espiritual; no pierde esa intuición, pero se desentiende de ella y sólo cuando siente en sí la agonía, es cuando quisiera en un instante reponer el tiempo perdido; pero entonces ya será tarde porque no todo lo logra el arrepentimiento. Es Ley de justicia divina recoger lo que se ha sembrado, aunque el arrepentimiento le ayudará a que su espíritu no quede turbado ni confundido.

¡Cuánto mal se han hecho los que creen que en el instante de morir su cuerpo, pueden alcanzar la gloria espiritual! Triste equivocación, porque los errores sólo pueden repararse con obras de amor.

Esos espíritus no saben mirar en esta vida más allá de lo que en su imaginación se han forjado. Yo os digo que son pocos los que en esa hora lloran por los males que han causado y que su preocupación es más bien el temor al castigo, a la sentencia o a la condena según ellos la imaginan.

No sabéis lo que significa la vida en la tierra, de lo que es el espíritu y de lo que es el valle espiritual. La mayoría de los, creyentes piensan que viviendo con cierta rectitud, o que, arrepintiéndose en el postrer instante de la vida de las faltas cometidas, tiene asegurada la gloria para su espíritu; según los falsos conceptos forjados por la mente materialista, los cuales han sido transmitidos de generación en generación. Esa idea falsa que el hombre tiene, no le permite perseverar durante toda su vida en el cumplimiento de la ley y hace que su espíritu, cuando abandona este mundo, se encuentre con que ha llegado a un sitio en el que no contempla las maravillas que se había imaginado, ni siente la dicha suprema a la que creía tener derecho.

Dejad hablar a la conciencia, que es mi voz divina, y ella os dirá que muchas veces vuestra fe tan sólo era aparente, porque no teníais la certeza de la existencia de una vida eterna para el espíritu. Ciertamente teníais pensado gozar plenamente vuestra existencia en el mundo, y prepararos para el paso hacia la vida espiritual hasta que hubiese llegado el último momento. La idea de llegar a un cielo depués de esta vida, era como un depósito de fe, para recurrir a él y así llegado el instante através de un arrepentimiento lleno de angustía, podrías alcanzar el paraiso eterno, según vosotros.

Sólo cuando habéis sentido cerca los pasos de la muerte, cuando habéis estado gravemente enfermos o cuando habéis sufrido, es cuando pensáis que estáis a un paso del Más Allá, de esa justicia divina que sólo en esos instantes teméis, entonces hacéis promesas al Padre, vuestro Dios, y juramentos de amarle, de servirle y obedecerle; y cuando os sentís liberados de ese trance me olvidáis y volvéis a vuestra vida material llena de errores, egoísmo y pecado.

No porque en el último instante de vuestra vida material tengáis junto a vuestro lecho a un confesor que os auxilie espiritualmente, creáis que estáis a salvo, ni por vuestro arrepentimiento en esa hora, creáis que alcanzaréis la purificación, creyendo haber llegado al final de vuestra evolución. Aprended a amar, a perdonar y bendecir en vuestra vida material; labrad con vuestras obras de amor y caridad hacia vuestros hermanos, la purificación de vuestro espíritu.

¿De qué le sirve a muchos creer en una vida después de ésta, si no emplean su existencia en hacer méritos para la eternidad? Toda su fe se concreta en saber que después de la muerte, su espíritu irá a un Más Allá y espera el último instante para reponer todo el tiempo perdido y borrar todas sus manchas solamente con un acto de contrición.

¿Es así como el hombre debe vivir? ¿Es así como mostráis vuestra fe en Dios vuestro Padre, y queréis lográr una verdadera elevación espiritual a través de falsas interpretaciones?

Si a través de los tiempos os habéis perdido, siguiendo las inclinaciones de la carne, comprended ahora que ya habéis encontrado el camino, qué es lo que debéis de hacer con vuestra vida. Vosotros, en el afán de salvaros, habéis llegado a veces al sacrificio inútil, porque comprendéis que tarde o temprano, pero inexorablemente tendréis que penetrar en la vida espiritual. El verdadero sacrificio que debéis practicar es el de apartaros de todas las bajas pasiones y todo lo superfluo que aleja a vuestro espíritu de la escala de evolución.