¿Van al cielo quienes han muerto?

Vosotros creéis que el Cielo es una región en el infinito, adónde podréis llegar mediante un sincero arrepentimiento de vuestras faltas, en la hora de vuestra muerte material, confiando en que seréis perdonados en aquel instante y conducidos por Mí al Reino de los Cielos. Sin embargo, Yo os digo que el Cielo no es un sitio, ni una mansión, en el infinito. El Cielo es la felicidad suprema a dónde llega un espíritu por el camino de su cumplimiento.

Ese infinito de que os hablo, nunca lo podréis medir con vuestra mente, porque os habla de ternura, de luz, de pureza, de sabiduría, de verdadero amor y de perfección, porque todo ello no tiene principio ni fin, ya que son atributos de Dios vuestro Padre Creador.

No limitéis más, lo divino. ¿No comprendéis que si el Cielo fuese como creéis, entonces ya no sería infinito? Ya es tiempo de que comprendáis la vida espiritual de una manera más elevada, aunque vuestra concepción limitada por vuestro materialismo no alcance a abarcar toda la realidad, pero que al menos se aproxime a ella.

Todos deseáis salvaros; y queréis escapar de la restitución del espíritu y todos soñáis con conocer el Cielo; mas Yo os digo que es bien pequeño el esfuerzo que hacéis por lograr todo esto y que muchas veces, en vez de buscar los medios que podrían ayudaros a conseguirlo, huís de ellos.

¿En quién está el permitiros que penetréis en el cielo, en Mí que siempre os he llamado, o en vosotros que habéis permanecido sordos?.

¿Por ventura creéis que sea indispensable sufrir en la Tierra para merecer el Cielo? No, humanidad, lo único que lográis con el sufrimiento es cierta purificación, porque la verdadera y absoluta pureza del espíritu solamente se logra por medio del amor y el cumplimiento que os inspira mi Ley.

Muchos Temen mancharse en el mundo creyendo con ello perder el Cielo; y están en un error, porque el Cielo nadie lo perderá, la eternidad es la divina oportunidad que vuestro Creador os da para que todos lleguéis a Él.

Cuántos son los que sueñan en morir, con la esperanza de que ese momento sea el de su llegada ante Mí para adorarme eternamente en el Cielo, sin saber que el camino es infinitamente más largo de lo que ellos han podido creer.

El espíritu, a medida que se eleva, espiritualmente, cumpliendo con la Ley Divina, amplía el mundo en que habita; así, al llegar a su perfección, dominará el infinito, porque todo en él será luz, tendrá armonía con su Padre y con todos sus hermanos, ese será su cielo, y su gloria. ¿A qué más puede aspirar vuestro espíritu, sino a la paz eterna, a la sabiduría, a la felicidad de amar y saberse amado?

Tened siempre presente que el espíritu que alcanza los altos grados de la bondad, de la sabiduría, de la pureza y del verdadero amor, está más allá del tiempo, del dolor y de las distancias. No está limitado a habitar un sitio, puede estar en todas partes, y encontrar en todo un supremo deleite de existir, de sentir, de saber, de amar y saberse amado.¡ Ese es el cielo del espíritu!