¿Es la muerte de mi cuerpo, el final de mi vida?

La sabiduría es el libro que hoy se abre ante vosotros mostrándoos su contenido de revelaciones no presentidas.

El hombre, siempre ha vivido con el temor a lo desconocido: En verdad os digo que la muerte no existe, porque Dios, como el Padre Creador es la vida y sus obras no pueden morir.

Muchos hombres, escépticos, sonríen irónicamente cuando se les habla de la vida espiritual; mas llegará la hora de la muerte, aquélla en la que no hay corazón que no tema, ni espíritu que no tiemble ante la presencia inminente de la eternidad.

La muerte como la concebís vosotros no existe o sea el dejar de existir, no puede ser muerte o fin para el espíritu.

Cuando la humanidad comprenda que el desprendimiento del espíritu al dejar la materia en este mundo, es el paso de transición, indispensable para acercarse a la morada de la paz, será entonces cuando deje de temer a lo que llama desconocido

Sólo a la materia le corresponde desintegrarse y transformarse en la tierra, después de que haya cumplido su misión cerca del espíritu al que le sirviera de instrumento; pero el espíritu que estuvo en aquel cuerpo, la luz de su esencia divina, la voluntad, los sentimientos, no pueden morir, porque forma parte del espíritu inmortal que animó la vida de aquel ser humano.

Nadie encontrará la muerte para su espíritu, porque ésta no existe. Yo no la he creado, porque Yo soy la vida, recordad que os dije: Dios no es Dios de muertos, sino de vivos.

Cierto es que vuestros cuerpos bajarán a la tierra, en cuyo seno se confundirán para fecundarla, porque aun después de muertos seguirán siendo savia y vida.

Ahí donde creéis contemplar la muerte, está la vida; donde miráis el fin, está el principio. Donde creéis que todo es misterio e insondable arcano, está la luz, donde creéis que está la nada, está el todo y donde percibís el silencio, está el concierto divino.

El cuerpo cuando muere, es como la flor cuando se corta que luego se marchita, mas su perfume es como el espíritu que se desprende e inunda de esencia el ambiente.

Al espíritu le hace falta un verdadero conocimiento espiritual, para continuar, después de la muerte de su materia, su viaje hacia el Más Allá; por eso, vengo a dar al espíritu enseñanzas que parecen fantasías al hombre, lecciones profundas e insondables para la imaginación más despierta.

Cuando vuestro cuerpo se quede en la Tierra y vuestro espíritu se eleve al Más Allá, cuando paséis por aquello que llamáis muerte y os levantéis en la eternidad, comprenderéis cuántas falsas imágenes ha formado vuestra mente y entonces sentiréis cómo se aparta de vuestro espíritu la mentira y la ignorancia, como si fuese una venda que se desprende de los ojos dejándoles contemplar la luz de la verdad.

¿Dónde está Oh, muerte tu aguijón y sepulcro tu victoria?

¿Adónde van los espíritus después de su muerte corporal?

¿Quién, por incrédulo que sea, no se ha preguntado si existirá en él, algo que sobrevivirá a la materia? En verdad os digo que no hay quien medite un momento en lo insondable. Sobre el misterio de la vida espiritual que parece estar lejos, unos preguntan, otros se confunden y niegan; unos hablan creyendo saberlo todo, y los demás callan y esperan.

Más allá de este mundo, existe un valle espiritual al cual todos penetraréis en espíritu, ¿Quién no tiene ahí un ser querido? ¿Quién no quisiera volver a contemplar, a quien recuerde como padre, madre, hermano, hijo, esposo, esposa, o amigo?

Yo siempre soy justo en mis determinaciones. ¿Por qué a veces queréis intercalaros en mis altos designios?

Aquellos seres con los cuales tuvisteis vínculos en la Tierra, y que ahora son vuestros hermanos espirituales, están cerca de vosotros.

¿Por qué seguir lamentando que los seres que amasteis en el mundo hayan partido al Más Allá? ¿Por qué les recordáis en su forma humana, si ellos ahora sólo son esencia espiritual?

Esos seres que ya dejaron su cuerpo en este mundo, y a quienes todavía llamáis los vuestros, están en la morada que les corresponde según sus obras o méritos que hayan hecho en su vida. Lo que el espíritu cultive, eso será lo que recoja; esa es Mi Ley y Mi Justicia Divina.

Debéis saber que el espíritu de quien desencarna no podrá gozar de inmediato de esa dicha eterna con la que soñaba. Así como tampoco sufrirá eternamente por sus culpas, porque debéis entender que la base de mi Doctrina es el amor. Por lo tanto cada quién recibirá de acuerdo con sus actos y su arrepentimiento.

¿Sabéis qué es lo que sucede a esos seres que tenían la seguridad de llegar al cielo y que en lugar de ello sólo encontraron confusión? al no poder elevarse a las alturas en donde se encuentran las moradas de mayor luz, porque les falto en su vida material un punto de apoyo que sólo lo da el cumplimiento y la evolución espiritual, creando para sí, sin darse cuenta, un mundo que ni es humano ni es espiritual.

Entonces es cuando los espíritus se preguntan: ¿Esta es la gloria?, ¿Esta es la morada destinada por Dios a los espíritus, después de tanto caminar? No, dicen otros, éste no puede ser el seno del Señor, donde sólo la luz, el amor y la pureza es lo que debe existir.

Entonces, todos aquellos que en esta Tierra se prepararon espiritualmente, brillarán con verdadera luz y asombrados verán cómo los que en este mundo brillaron con falsa luz, en el Más Allá, lloran su miseria espiritual.

Ahí, en ese breve instante de iluminación ante la luz de la conciencia, es donde muchos recogen su galardón, pero también donde muchos ven desvanecer su falsa grandeza.

Yo os digo que en la hora suprema de la muerte de vuestro cuerpo, será mi voz quien le diga a vuestro espíritu la verdad de su elevación.

Para el espíritu justo y elevado, le es indiferente el lugar en que se encuentre, porque llevará en sí la paz y la gloria del Creador. Así también, el espíritu impuro y turbado en donde se encuentre, no dejará de sentir interiormente el infierno de sus remordimientos cuando escuche el reclamo de la conciencia, exhortándolo al arrepentimiento para la purificación de su espíritu.

Lo que los hombres llaman gloria o infierno, no son lugares determinados, es la esencia de sus obras la cual recoge vuestro espíritu cuando llega al valle espiritual. Cada quien vive su infierno, habita su mundo de expiación, o goza de la beatitud que da la elevación y la armonía con el Espíritu Divino.

Juzgaos a vosotros mismos: ¿Adónde iréis, Después de la muerte de vuestro cuerpo?

No digáis que hay solamente un Cielo y una Tierra, y que éstos son lugares determinados, existen millares de mundos; no olvidéis lo que dije a través de Jesús el Cristo: “hay muchas moradas en la casa de mi Padre”.

Inexorablemente llegará para cada quien el instante de penetrar en alguna de aquellas moradas, Entonces: ¿Por qué os empeñáis en vivir con tantas imperfecciones, porqué os aferráis tanto a este mundo material? Cuán poca es vuestra fe en la vida espiritual, cuando contemplo que quisieseis volver a ver a aquellos a los que llamáis vuestros y que hoy viven en espíritu; ¿Por qué queréis que vengan a llorar nuevamente al valle de lágrimas y a comer de vuestro pan amargo?