A los enfermos del cuerpo


Quiero hablar a quienes no han sentido sobre su cuerpo mi bálsamo de curación, ni ha llegado a su corazón mi paz.

Venid a Mí enfermos, cansados, tristes y hambrientos de amor, Yo os haré sentir el dulce amor de mi caridad. Vengo a apartar vuestra amargura.
En Mí encontrarán el bálsamo, la luz del espíritu y la salud de vuestro cuerpo que tanta falta os hace.
En mi palabra, traigo curación para vuestras dolencias
¿Qué podrá negar el Padre a su hijo, cuando éste espiritualmente se acerque para solicitar algo para su cuerpo, pequeña y frágil criatura material?

Cuando la enfermedad os agobie, no desesperéis; eleváos en oración a Mí y vuestra fe y espiritualidad os devolverán la salud del cuerpo. Orad en la forma en que Yo os he enseñado: ¡Espiritualmente!

Sean conmigo los enfermos, los desahuciados, por la ciencia, los afligidos, los que no tienen paz en su corazón y también los que hayan pecado o blasfemado, a todos los sanaré del espíritu y del cuerpo

Mentes, corazones o cuerpos enfermos, os digo: Pedid a vuestro espíritu, que es hijo del Todopoderoso, que vuelva al camino, que sane vuestras dolencias y que os ayude en vuestras flaquezas.

Quiero conversar con mis enfermos y ungirles, haciéndoles sentir el consuelo de mi bálsamo divino; quiero concederles aquello que hace mucho tiempo están esperando.

En los hospitales y doquiera se encuentre un enfermo, me haré sentir y oír, ungiendo y consolando a los enfermos como sólo Yo puedo hacerlo. Un manto de paz y de consuelo pondré sobre el dolor de los que sufren olvidados de sus hermanos y un bálsamo divino derramaré sobre sus males, levantándoles a la vida, para que den testimonio de mi presencia espiritual.

En verdad, os digo, que lo imposible no existe. En casos tan pequeños como vuestros quebrantos de salud, hablad a Dios que habita en cada uno de vosotros, que sabe lo que necesitáis, lo que sentís, y Él os dará según sea su voluntad.
Yo he sorprendido a muchos enfermos con estas preguntas: ¿Será posible que aquí encuentre la presencia del Señor? ¿Será verdad que aquí encuentre alivio para mis males por tanto tiempo considerados como incurables? y cuando han recibido el milagro, todavía algunos me han preguntado: ¿Seria Él quien me sanó?

Cuando los tiempos sean adversos, no desesperen, ni blasfemen; resistan las tempestades, acepten las pruebas y vuestro espíritu se acrisolará y alcanzará a perfeccionarse.

Os enseño a luchar contra vuestras enfermedades y a saber esperar con paciencia y humildad el instante de la liberación de la pena que os ha venido agobiando. También os mostraré todo lo que con el dolor han alcanzado en su restitución.

Venid a Mí todos aquellos que traen una carga de sufrimientos. Es en vano que busquen el bálsamo y el consuelo entre los hombres, porque la caridad ha huido del corazón de la humanidad y deben saber que sin la caridad, no podrán hacer prodigios. La ciencia sola no basta para salvar al mundo de sus dolores.

En aquel Tiempo, las multitudes me buscaban más como doctor que como Maestro, porque siempre han creído los hombres, que es más grande el dolor del cuerpo que el del espíritu. Jesús el Cristo, era complaciente y dejaba que los enfermos se acercarán a él; sabía que ese dolor era el camino que atraía a los hombres hacia la luz de su palabra.

Cuando los ciegos volvían a ver, y los leprosos se limpiaban, cuando los paralíticos abandonaban su lecho y los poseídos se liberaban de sus influencias y obsesiones, eran testimonios vivientes de que Jesús era el doctor de los doctores.

Mucho tiempo me buscaron así los hombres, aun no estando ya con ellos en el mundo. Ahora, cuando llega un doctor junto a vuestro lecho de enfermo y en él depositan toda vuestra fe y confían a su ciencia vuestra vida, olvidan que la vida de ambos depende de Mí. Se olvidan en ese instante de orar ante vuestro Padre para solicitar de Él la luz sobre el hombre de ciencia y el bálsamo sobre vuestra dolencia. Aquella alcoba, en vez de llenarse de luz y saturarse de fuerza y de esperanza, permanece triste y sombría por falta de espiritualidad.

¿Cuándo volveréis a buscarme con aquella fe, conque se acercaban a Mí los enfermos en aquel Tiempo? Es necesario que os diga que tengo sed de vuestra fe y que cuando depositen en Mí vuestra confianza, se harán merecedores de grandes prodigios que tengo reservados para vosotros.

En mi palabra traigo curación para vuestras dolencias; y vengo a depositar bálsamo para los enfermos; pero comprended, que este bálsamo no es tan sólo para el cuerpo, sino también para el espíritu.

Si por instantes se consideran indignos, bastará que me busquen, para que Yo haga lo que no puedan hacer vosotros. Todo es principiar, aunque de pronto aparezca imposible la tarea, luego vendrá el prodigio y la verdadera fe se encenderá en vuestro espíritu y corazón.

¿Cuáles méritos puede hacer un enfermo imposibilitado para toda lucha? pueden ser muchos y grandes, si sabe revestirse de paciencia y conformidad, si sabe ser humilde a la voluntad divina y sabe bendecirme en medio de su dolor; porque su ejemplo será luz en muchos seres que habitan en tinieblas, que se desesperan y se entregan a los vicios o piensan en la muerte cuando les sorprende una prueba.

Esos enfermos al encontrar en su camino un ejemplo de fe, de humildad y de esperanza, que surge de un corazón que también sufre mucho, porque carga una cruz muy pesada, sentirán que su espíritu ha sido tocado por un rayo de luz; y así es, en efecto, ya que ellos no lograron escuchar la voz de su propia conciencia, tuvieron que recibir la luz que otro hermano les entregó con su ejemplo y su fe.

Me piden que los sane y de cierto os digo que nadie mejor que vosotros mismos podéis ser vuestro doctor. Pero ¿De qué sirve que Yo os sane y aparte vuestro dolor, si no apartáis de vosotros vuestros errores, pecados, vicios e imperfecciones? ¡He ahí el origen del dolor! combatid los errores, apartadlos de vosotros y seréis sanos, más eso a vosotros corresponde hacerlo, Yo sólo os enseño y os ayudo.

Existen ricos acaudalados que no tienen salud, ni conocen la alegría, y hombres pobres que teniendo salud no saben lo que poseen y viven amargados porque desean caudales o comodidades. No descubro ambiciones nobles en el corazón de los hombres y cuando llegan a tenerlas no persiguen buenos ideales.

Cuando a través de vuestra conciencia descubráis el origen de vuestras aflicciones y pongáis todos los medios para combatirlo, sentiréis en plenitud la divina fuerza, ayudándoos a vencer en la batalla y a conquistar vuestra salud corporal y libertad espiritual.

El que a base de renunciaciones y sacrificios recupera la salud no vuelve a ponerla en peligro, porque sabe cuánto le costó lograrla.

Yo soy la luz de éste y de todos los mundos, y quiero que os vistáis con esa luz. Mi palabra es bálsamo de curación, sanad con ella, escuchándola y poniéndola en práctica. Cada palabra es una gota de la fuente de la vida. ¿Por qué si llevan a Dios en vosotros, están enfermos, sufren y lloran? Examinaos a vosotros mismos y corrijan cuanto haya que corregir, limpien todo cuanto haya que limpiar.

Limpiad el vaso, tanto por dentro como por fuera, o sea que vuestro espíritu armonice en voluntad e inspiración con vuestra parte material o humana. La Práctica de la moral, de la virtud y la espiritualidad os librará de las enfermedades de la materia y del reclamo de la conciencia.

Soy el doctor que viene en busca del enfermo. Cuando cansados de sufrir se encuentren, y no hallen una mano piadosa que los cure, venid a Mí, orad y penetrad en comunión Conmigo y Yo derramaré el consuelo que necesitan. y no juzgaré vuestro pasado.

Aprended a conversar con el Doctor de los doctores, ¡oh enfermos benditos!. Tened siempre fe, para que el milagro se verifique y haced méritos para que siempre se encuentren dignos de lo que solicitan.
Enfermos que a lo largo de vuestra vida han llevado la cruz del dolor, venid a Mí, Yo os sanaré, y os apartaré toda enfermedad, vengo a consolaros en vuestras aflicciones. ¿Sabéis porque lo puedo hacer? ¡Porque os amo!

El amor puede devolver la salud a un enfermo, por ser el más poderoso de cuantos medios debe conocer el hombre para curar.
Vivís bajo el tormento de las enfermedades o del temor de contraerlas y ¿qué es una enfermedad corporal ante una falta del espíritu? Nada, si él sabe levantarse, porque en mi caridad siempre encontraréis ayuda.

Así como la sangre corre por vuestras venas y vivifica todo el cuerpo, así la fuerza de Dios como torrente de vida, pasa a través de vuestro espíritu. No hay motivo para estar enfermo si cumplís con la Ley.
Os hablo con el mismo Verbo con que hablé en aquel Tiempo. De mi palabra brota todo bien. Si en ella buscan el bálsamo, éste cae inagotable sobre vuestras dolencias. Os amo, y por ello os envío mi Luz para que disipe vuestras penas, inquietudes y temores y se sientan envueltos en mi Amor, protegidos y a salvo de los múltiples peligros que os acechan. Mi fuente de misericordia se desborda para curarlos del espíritu y del cuerpo

¡ Mi Paz sea con vosotros ¡